■ La Ciudad de la Torá no va
■ La poderosa cofradía de los secretarios particulares
■ Mariela y la obsesión con Rosy Wong
■ Fernando y el arte de parecer algo distinto
■ Ahora sí van por los peces grandes
La Ciudad de la Torá no va
No habrá Ciudad de la Torá en territorio mexiquense. El gigantesco proyecto inmobiliario que pretendía levantar una comunidad cerrada bajo identidad cultural y religiosa propia terminó estrellándose contra la realidad política y social del Estado de México. Detrás venían capitales enormes, operadores poderosos y la vieja tentación de creer que el dinero puede rediseñar cualquier territorio a conveniencia. Pero no ocurrió. El proyecto nunca logró arraigo, consenso ni viabilidad verdadera y acabó reducido a una fantasía urbanística de alto simbolismo. Quizá porque el Edomex podrá ser caótico, desigual y brutalmente complejo, pero todavía conserva algo que ciertos desarrolladores jamás terminan de entender: la sospecha profunda hacia cualquier intento de construir territorios aparte dentro del propio territorio.
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La poderosa cofradía de los secretarios particulares
Pocas figuras acumulan tanto poder silencioso como los secretarios particulares. Son los hombres y mujeres que controlan agendas, filtran llamadas, administran accesos, escuchan conversaciones delicadas y conocen los humores reales del poder. Algunos terminan sabiendo más que los propios titulares a los que sirven y no faltan los casos donde incluso operan con mayor influencia política, administrativa o económica que sus jefes formales. Por eso hoy varias miradas comienzan a dirigirse hacia esa discreta cofradía burocrática, justo cuando algunos de sus integrantes aparecen vinculados a investigaciones por corrupción o tráfico de influencias. Porque en política el poder verdadero rara vez se sienta completamente al frente del escritorio. Muchas veces se mueve detrás de la puerta, administra silencios y aprende rápido que controlar el acceso al gobernante también es una forma muy rentable de gobernar.
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Mariela y la obsesión con Rosy Wong
Si Mariela Gutiérrez pudiera políticamente despedazar a Rosy Wong, probablemente ya lo habría intentado. Lo que comenzó como una diferencia de poder terminó convirtiéndose en algo mucho más personal, más visceral y menos racional. En ciertos círculos de Morena ya se comenta que el conflicto dejó hace tiempo el terreno estrictamente político para instalarse en esa zona peligrosa donde el poder se mezcla con el ego y la necesidad de sometimiento. Por eso cometerían un error si terminan entregando la cabeza política de la alcaldesa que, guste o no, tuvo las agallas de poner límites a los excesos de una figura que parece haber confundido el Senado con una especie de patente de superioridad moral y territorial. Paradójicamente, mientras más ruido produce la senadora, más evidente se vuelve la pobreza política de un paso legislativo que hasta ahora ha resultado más bien gris, insulso y profundamente mediocre.
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Fernando y el arte de parecer algo distinto
Mientras el cabildo sesionaba, Fernando Flores prefirió aparecer en Radio Fórula en una entrevista cómodamente acolchonada, de esas donde nadie incomoda, nadie repregunta y todo termina pareciendo comercial de auto seminuevo. Entre frases calculadas y discursos de autoestima política, hubo pocas cosas verdaderamente reales durante la conversación. Quizá la más auténtica fue el chuchuluco con el que apareció en pantalla: ostentoso, cuidadosamente elegido y perfectamente coherente con esa estética del político de derecha que insiste en decir que no es político, que asegura ser empresario aunque tampoco termine de comportarse como empresario. Un personaje construido entre el marketing, la simulación aspiracional y esa vieja obsesión de ciertos alcaldes modernos por gobernar más para la cámara que para la realidad.
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Ahora sí van por los peces grandes
La investigación de la Fiscalía sobre el desvío de recursos en la Secretaría de Educación mediante una red de “aviadores” avanza con rapidez y las primeras detenciones están próximas a ejecutarse. Se equivocan quienes creen que todo terminará con la captura de empleados menores o pecesitos sacrificables para proteger estructuras superiores. Esta vez la indagatoria apunta hacia operadores de mayor nivel y podría convertirse en uno de los golpes más severos contra esa vieja forma de corrupción burocrática que durante años convirtió plazas, nóminas y cargos educativos en botín político. Porque pocas cosas resultan más miserables que robar dinero de la educación pública mientras miles de escuelas sobreviven entre carencias y abandono. El mensaje que viene desde arriba es claro: habrá un manotazo fuerte y ejemplar contra esa maquinaria de saqueo enquistada durante años en el sistema educativo mexiquense.

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