La toma del Edificio de Rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México, ocurrida la tarde del martes 6 de mayo, desató una ola de reacciones encontradas en redes sociales. Lo que comenzó como una marcha encabezada por estudiantes de la Facultad de Humanidades derivó en una ocupación del recinto universitario y, con ella, una intensa conversación digital marcada por el respaldo, la crítica y la sospecha.
Durante el día, la tensión se trasladó de Paseo Tollocan a los muros virtuales de X, Facebook e Instagram. Mientras en Ciudad Universitaria se interrumpían clases y se suspendían actividades, en redes se enfrentaban posturas sobre la legitimidad del movimiento, sus métodos y sus actores.
Críticas, sospechas y escepticismo
Un sector de usuarios expresó su desacuerdo con la protesta, al considerar que estuvo motivada por intereses ajenos a la comunidad universitaria. Circularon versiones sobre la supuesta presencia de infiltrados contratados para desestabilizar el proceso de sucesión rectoral. “Nuestra universidad está secuestrada por personas que ni siquiera son estudiantes”, escribió un usuario.
Otros cuestionaron los métodos de la movilización: el bloqueo de vialidades, la afectación a clases y los posibles daños a instalaciones. “Tomar Tollocan perjudica a ciudadanos que nada tienen que ver con el conflicto. Protestar no debería implicar interrumpir el derecho a la educación ni la movilidad urbana”, publicó otra cuenta.
Hubo también reproches a la falta de liderazgo visible y representativo: “¿Quiénes son? ¿A nombre de quién hablan? Si exigen rendición de cuentas, deberían empezar por darla”, fue una crítica recurrente.



Apoyo a una generación que no se calla
En contraste, amplios sectores de la comunidad estudiantil y docente respaldaron la toma como un acto de dignidad frente a una institución que —afirman— ha minimizado durante años sus demandas. “Esto también es UAEMéx: estudiantes que no se conforman, que exigen. Es una lección para todos”, publicó un académico.
Algunos mensajes reivindicaron que la protesta no se limita al proceso rectoral, sino que responde a problemas estructurales: abandono en laboratorios, sanitarios en mal estado, casos de acoso impunes. “¿Y aún se preguntan por qué protestamos?”, cuestionó una alumna.
La narrativa del compromiso también se hizo presente: “Que no les confundan. Muchos aquí están por convicción, no por consigna”, escribió una usuaria aludiendo a las acusaciones de manipulación política.



El silencio institucional y las posturas encontradas
La reacción institucional fue desigual. La Facultad de Contaduría y Administración respaldó el derecho a protestar y abrió canales de diálogo. Humanidades suspendió actividades en línea de forma preventiva. La administración central publicó un breve comunicado reiterando su compromiso con el diálogo, sin ofrecer respuestas concretas.
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Comunicados
En paralelo, se confirmó la participación visible de Karla Mava, joven que ha acompañado públicamente a Laura Benhumea —candidata a la Rectoría— en actos de campaña. Su presencia encendió el debate: para algunos, es prueba de injerencia política; para otros, un intento de deslegitimar a un movimiento plural.

Mientras la Rectoría permanece ocupada y los estudiantes organizan recolección de víveres, la comunidad universitaria aguarda la sesión extraordinaria del Consejo Universitario. La tensión no solo persiste en las aulas y los pasillos, sino también en cada publicación, cada comentario, cada hilo.


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