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Rio Tenancingo

El santuario de Tenancingo convertido en rio de desechos; don Artemio lucha incansablemente para rescatarlo

La contaminación y la deforestación han puesto en peligro el río El Salado y el Salto, en Tenancingo considerados parque estatal “santuario del agua”; sin embargo, en ese naufragio, aún hay voluntades que trabajan para rescatarlos

Una balsa de basura hace que un río percudido desaparezca frente a nuestros ojos por un tramo de aproximadamente 10 metros. “Es la máxima expresión del problema”, dicen nuestros guías, un joven y un adulto de edad avanzada, quienes nos indican que la basura es tanta que hay personas que pepenan PET.

Es el río El Salado, en Tenancingo, municipio ubicado al sur del Estado de México, que, a unos metros de la imponente caída de “El Salto”, acumula una gran cantidad de basura.

Los residuos sólidos que se juntan en el río esconden las aguas que, debido a la contaminación, adquirieron un tono café. Este caudal se revuelve con el líquido tratado por la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales y con la que proviene de las lluvias, drenajes y de la agroindustria de la zona.

Qué chiste tuvo haber tratado las aguas para volver a contaminarlas con las aguas negras”, expresa uno de los guías.


Los diccionarios definen “naufragio” como el hundimiento, destrucción o pérdida de una embarcación que se encontraba navegando, en este caso la balsa de basura que quedó varada en el cauce del río puede leerse como el hundimiento y destrucción de la naturaleza.

Artemio Vázquez, de 82 años, preside la Asociación de Ecologistas Amigos del Árbol y lleva más de sesenta años tratando de terminar con este naufragio. A pesar de su avanzada edad nos guía durante el recorrido.

La trayectoria de Artemio Vázquez alimentó su insistencia y crítica ante la falta de educación ambiental / FOTO: Jesús Mejía

Docente de profesión, Artemio estudió el bachillerato en la Normal Rural de Tenería, escuela a la que más tarde volvió para formar a decenas de generaciones de profesores. Su larga trayectoria en la docencia influyó en su insistencia y crítica ante la falta de educación ambiental de las autoridades, “no se capacitan”.

Además, hace 30 años, Artemio también impulsó la fundación del Centro de Educación Ambiental para el Desarrollo Rural y Urbano Sustentable – Vivero Comunitario “Amigos del Árbol”, que se encuentra a unos metros del río.

Emocionado, Artemio Vázquez nos muestra sus carpetas y habla con gran detalle de todo lo que ha hecho desde los años sesenta. Su principal documento es el Proyecto de restauración y conservación ambiental del parque natural el Salto, que actualizó en enero de este año y que ha presentado a las autoridades municipales sin que aún tenga respuesta.


En el estudio Calidad del agua en México, preparado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en 2020, El Salto se encuentra en semáforo rojo. El río está catalogado así por sus altos niveles de toxicidad.

Caminar al lado de su cauce es recorrer el camino de decenas de ríos en el Estado de México que gradualmente han muerto. Casi la misma historia se puede encontrar en “El Salto”, de Donato Guerra, en el río Lerma o el río Ñado en Aculco.

La muerte de los ríos viene acompañada de la partida de la generación que pescó y nadó en ellos, que vivió los últimos años en la añoranza de los tiempos en los que el agua corría limpia y que trató de hacer algo por preservar estos caudales para quienes les siguieran.

Por eso podemos identificarnos con el “profe” Artemio, quien recuerda a un padre o un abuelo que hasta el final de su vida trabajó por sus descendientes. “En las noches siempre pienso en qué más se puede hacer para restaurar esto”, a este comentario de Artemio una voz joven le responde: necesita otros ochenta años para hacerlo”.

La voz joven es de David Tapia, defensor municipal de los Derechos Humanos de Tenancingo, quien desde hace un tiempo ha acompañado las exigencias sociales en torno al río a través de invitaciones y solicitudes a las autoridades municipales que, a pesar de haber recorrido los lugares contaminados permanecen indiferentes, por ello la defensoría a su cargo solicitará la intervención de la Comisión de Derechos Humanos.

Desde hace un tiempo, David Tapia ha acompañado las exigencias sociales en torno al río / FOTO: Jesús Mejía

Al explicarnos la situación, David resalta la participación social a través de limpieza y reforestación en la zona. A decir del también antropólogo social, esta labor viene creciendo y unificándose, cuestión fundamental para que nuevas generaciones tomen la batuta del profesor Artemio.


A lo largo del camino, la experiencia y la juventud avanzan juntas. Mientras los seguimos, observamos árboles de diferentes tamaños que han sido plantados por “Los amigos del árbol” y que llevan al predio del Ayuntamiento de Tenancingo, donde se formó el Centro de Educación Ambiental.

La asociación y la defensoria han conjuntado esfuerzos para concientizar a la ciudadania/ Foto: Jesús Mejía

La mayoría del espacio que ocupa este centro luce desolador: todo lo que fue un proyecto social de trascendencia, ahora está casi en ruinas. “Se robaron todo: las herramientas que nos dio el gobierno del estado, los cables de la luz, las instalaciones, nos tiraron la reja, árboles y a un costado del espacio una construcción de un fraccionamiento ha dejado escombro que limita el uso del camino”, cuenta el “profe” Artemio.

Pese a la situación, Artemio persevera e insiste: “vamos a recuperar este espacio, lo vamos a rehabilitar”. Como un río avanza la voluntad de Artemio, que a sus 82 años no piensa en retirarse a descansar. Sus pensamientos están puestos en salvarnos del naufragio. Además, ahora que su labor llega a nuevas personas interesadas, los resultados de su obra apenas empezarán a verse.

Artemio y David, cuidadores de el río El Salado / FOTO: Carlos Pérez