De acuerdo con el INEGI el ingreso aproximado de los hogares en nuestro país es de 15 mil 663 pesos al mes, considerando que en promedio cada hogar cuenta con 3.7 integrantes que aportan un ingreso. Ahora bien, el ingreso per cápita es de 4 mil 233 pesos mensuales, dato mayor al de 2014, pero inferior al de 2008.
De acuerdo con los números obtenidos de la encuesta nacional de ingreso y gasto en los hogares 2016 del INEGI y que fue analizada por diversos expertos y académicos de la organización “México Social”, se encontraron diversas inconsistencias, que se explican con las siguientes razones fundamentales, la mayoría de las personas se asume predominantemente pobre y mienten al respecto, ocultando sus ingresos para esconder sus bienes o para obtener otros “beneficios”, como son los programas sociales por parte del gobierno.
Estos datos también presentan una variación importante para considerar como el tamaño de la localidad, es decir, en aquellos que tienen más de 2 mil 500 habitantes, el ingreso promedio de los hogares es de 17 mil 405 pesos por casa al mes; mientras que en lugares con menos de 2 mil 500 habitantes, el promedio es de 8 mil 668 pesos mensuales, es decir, que vivir en una localidad rural implica ingresos menores del 50 por ciento menos que de aquellos quienes viven en lugares urbanos o semiurbanos.
Los datos obtenidos por el INEGI que básicamente son números, sin mayor ampliación de información, deben ser complementados con otras técnicas diversas a las encuestas, como diagnósticos cualitativos que abarquen una ampliación de datos, de tal manera que a las personas se les pueda medir el grado de pobreza que enfrentan con mayor exactitud, posteriormente con los resultados obtenidos valdría la pena comenzar a proyectar un nuevo modelo en materia de desarrollo social, a fin de replantear los actuales programas sociales, buscando como objetivos primordiales una nueva forma de generar y detonar otra visión de las personas que los utilizan y que no requieren depender permanentemente de ellos, es decir completándolos con una estrategia que los empodere realmente, como la educación, lo que detonaría un mayor crecimiento en la calidad de vida de las familias.


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