Alrededor del 80 por ciento de los pacientes con cáncer de próstata llegan tarde a su diagnóstico, una condición que reduce las posibilidades de tratamiento y que mantiene a esta enfermedad entre las principales causas de muerte por cáncer entre los hombres, señaló Jennifer González, presidenta de la Comisión de Salud, Asistencia y Bienestar Social de la Cámara de Diputados del Estado de México.
La legisladora llamó a los hombres, principalmente a partir de los 50 años, a realizarse revisiones periódicas que permitan detectar la enfermedad antes de que avance, entre ellas el examen de sangre de antígeno prostático y la valoración médica directa, pues una de las dificultades para identificar este tipo de cáncer es que durante sus primeras etapas puede desarrollarse sin presentar síntomas.
En México se detectan en promedio 25 mil nuevos casos de cáncer de próstata cada año y alrededor de 7 mil hombres mueren por esta enfermedad, de acuerdo con los datos expuestos por González.
El Estado de México concentra también cientos de fallecimientos cada año, pues entre 2010 y 2022, las defunciones asociadas con este padecimiento aumentaron alrededor de 58 por ciento y superaron las 800 anuales en la entidad mexiquense; esto según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Durante 2025 se registraron 826 muertes de hombres por tumor maligno de próstata en territorio mexiquense, cifra que demuestra que, pese a las campañas de detección y de las posibilidades de tratamiento cuando la enfermedad es identificada en sus primeras etapas, el problema sigue en ascenso.
El diagnóstico tardío representa uno de los principales problemas para su atención.
Más de dos terceras partes de los pacientes son identificados cuando el cáncer ya se encuentra en una etapa avanzada, mientras que el ISSEMYM reporta que cerca del 80 por ciento de quienes llegan al Centro Oncológico Estatal reciben el diagnóstico de manera tardía.
La detección en fases avanzadas disminuye considerablemente las posibilidades de cura y obliga a los pacientes a enfrentar tratamientos más complejos, por lo que la presidenta de la Comisión de Salud insistió en que las revisiones preventivas deben comenzar antes de la aparición de molestias.

El riesgo aumenta después de los 50 años
La edad es uno de los principales factores relacionados con el cáncer de próstata; el riesgo aumenta considerablemente después de los 50 años, aunque los hombres con antecedentes familiares de la enfermedad deben comenzar a vigilarse desde los 40, principalmente cuando el padre o algún hermano ha recibido este diagnóstico.
Los antecedentes genéticos no son el único factor que puede incrementar la posibilidad de desarrollar la enfermedad. La obesidad, una alimentación inadecuada y la falta de actividad física también fueron señalados por González entre las condiciones relacionadas con un mayor riesgo, por lo que recomendó mantener hábitos saludables junto con las revisiones médicas periódicas.
La ausencia de síntomas durante la etapa inicial puede provocar que algunos hombres no acudan a consulta hasta que el cáncer ha avanzado. Cuando el tumor crece y comienza a ejercer presión sobre la uretra pueden presentarse dificultades para orinar, además de otros signos que requieren valoración médica.
Entre las manifestaciones que pueden aparecer en fases posteriores se encuentran sangre en la orina o en el semen, dolor en la pelvis o en la espalda y disfunción eréctil. La presencia de alguno de estos síntomas no determina por sí misma la existencia de cáncer, pero González recomendó acudir con un especialista para realizar los estudios necesarios.
La diputada insistió en que la prevención y la detección temprana siguen siendo las principales herramientas para reducir las muertes relacionadas con este padecimiento, particularmente ante el elevado porcentaje de pacientes que actualmente llegan a los servicios oncológicos cuando la enfermedad ya se encuentra avanzada.
El llamado, explicó, está dirigido principalmente a los hombres mayores de 50 años y a quienes, aun siendo más jóvenes, tienen antecedentes familiares, pues esperar a que aparezcan síntomas puede retrasar un diagnóstico que, realizado oportunamente, amplía las posibilidades de tratamiento.


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