- IEEM: las cuentas del cuarto de siglo
- El crew de las compras del IEEM
- Las sillas cambian, los contratos quedan
- La corrupción ya estaba allí
- ¿Urnas limpias, cuentas sucias?
IEEM: las cuentas del cuarto de siglo
La revisión anunciada por la Auditoría Superior de la Federación alcanza el negocio de las compras electorales entre 2000 y 2025. Para el IEEM hablamos de un universo que apunta a más de cuatro mil millones de pesos, todavía como estimación: tan sólo veinte programas anuales de adquisiciones reúnen 3 mil 991 millones destinados a compras, arrendamientos y servicios. Falta conciliar lo programado con lo contratado y efectivamente pagado. El estudio histórico buscará identificar patrones de contratación, concentración de proveedores y prácticas ilegales. La pregunta para el instituto mexiquense es bastante concreta: quién compraba, a quién, mediante qué procedimiento y a qué precio. Porque una empresa puede ganar un concurso; lo que merece explicación es que los mismos beneficiarios atraviesen administraciones, reformas y relevos como si las elecciones también fueran su patrimonio.
El crew de las compras del IEEM
Para entender los negocios del IEEM hay que conocer a quienes han operado sus adquisiciones. En Administración estuvieron Ezequiel Jiménez Garcés, Sergio Federico Gudiño Valencia y Sergio Olguín del Mazo, antes de que José Mondragón Pedrero ocupara la dirección durante catorce años, de octubre de 2008 a diciembre de 2022. Lo sucedió Efraín García Nieves, primero como encargado y después como titular. En el Departamento de Adquisiciones, los expedientes identifican a María Isabel Maya Mendoza en 2011 y 2014, y a Ana Laura López Gutiérrez desde 2015. En la conducción ejecutiva aparece Francisco Javier López Corral, director general desde mayo de 2008 y secretario ejecutivo desde septiembre de aquel año. Ése es el elenco que debe cruzarse con los contratos y los proveedores: quién elaboró las bases, recibió las propuestas, evaluó las ofertas y suscribió los documentos. Los nombres están en los expedientes. Falta reconstruir qué hizo cada uno para explicar cómo se repartió el negocio durante tantos años.
Las sillas cambian, los contratos quedan
La revisión histórica de las compras del IEEM permitirá examinar qué cambió con cada Consejo y qué sobrevivió a todos los relevos. En 2000–2003 estuvieron José María Sáinz Gómez Salcedo, María Luisa Farrera Paniagua, Graciela Macedo Jaimes, Jaime González Graf, Álvaro Arreola Ayala, Miguel Ángel Juárez Franco, Ruperto Retana Ramírez, Nelly Sofía Gómez Haaz y Jaime Villar Mirón. En 2004–2005, José Juan Gómez Urbina, Manuel Silva Sánchez, Andrés Antonio Torres Scott, Julio César Olvera García, José Alfredo Sánchez López, Isael Teodomiro Montoya Arce y José Bernardo García Cisneros. Desde mayo de 2005, José Núñez Castañeda, Bernardo Barranco Villafán, Norberto López Ponce, Gabriel Corona Armenta, Ruth Carrillo Téllez, Jorge Muciño Escalona y Juan Flores Becerril. El relevo de 2008 incorporó a Jesús Castillo Sandoval, Sayonara Flores Palacios, Marco Antonio Morales Gómez y Norberto Hernández Bautista. Con Castillo en la presidencia, en 2009–2014 participaron Jacinto Policarpo Montes de Oca Vázquez, José Antonio Abel Aguilar Sánchez, Jesús Guadalupe Jardón Nava, José Martínez Vilchis, Arturo Bolio Cerdán y Juan Carlos Villarreal Martínez; Juan Salvador Ventura Hernández Flores sustituyó a Aguilar en 2013. En 2014 llegaron Pedro Zamudio Godínez, María Guadalupe González Jordán, Saúl Mandujano Rubio, Miguel Ángel García Hernández, Natalia Pérez Hernández y Palmira Tapia Palacios, además del regreso de Gabriel Corona. En 2017 ingresaron Laura Daniella Durán Ceja, Francisco Bello Corona y Sandra López Bringas; en 2020, Paula Melgarejo Salgado, Patricia Lozano Sanabria y Karina Ivonne Vaquera Montoya. Durán asumió provisionalmente la presidencia en 2021 y Amalia Pulido Gómez llegó en 2022. En 2024 se incorporaron July Erika Armenta Paulino y Flor Angeli Vieyra Vázquez, y regresó Sayonara Flores Palacios; ellas, Pulido, Melgarejo, Lozano y Vaquera integran el Consejo en 2026. Ocupar una consejería no convierte a nadie en cómplice. El examen debe distinguir quién propuso, aprobó, objetó o denunció cada operación. Allí está la prueba para una institución que ha renovado sus sillas muchas más veces que algunos de sus proveedores.
La corrupción ya estaba allí
La revisión de la ASF es lo mejor que pudo pasarle al IEEM. Los Hernández Casillas llevan demasiado tiempo apareciendo en los escándalos de sus compras: 1999, 2005 y ahora 2025. José Alfredo Hernández Casillas representaba a Cartonera Plástica en el conflicto de contratación que precedió a la renuncia de José María Sáinz Gómez Salcedo, formalizada en 2000. En 2005, la misma empresa protagonizó el escándalo de presuntos sobornos que precipitó la salida de todo el Consejo encabezado por José Juan Gómez Urbina. Veinte años después, Cajas Graf, vinculada con Hernández Casillas, consiguió dos adjudicaciones directas por casi 17 millones de pesos para la elección judicial. Con semejantes antecedentes, volver a contratar a ese entorno comercial exigía extremar la vigilancia y ofrecer explicaciones convincentes. Invocar urgencia resulta insuficiente frente a una historia que los funcionarios del instituto debían conocer. ¿Quién promovió esas compras, quién las autorizó y qué hicieron los responsables de vigilarlas? Las actuales consejeras deberían querer esas respuestas tanto como los ciudadanos. La auditoría llega tarde y hace falta que llegue lejos. La desconfianza tiene razones y destinatarios: quienes han dispuesto del presupuesto y quienes debieron cuidar su ejercicio. El IEEM necesita recuperar credibilidad; sus administradores deben rendir cuentas. Defender a unos como si fueran inseparables del otro ha sido parte del problema.
¿Urnas limpias, cuentas sucias?
¿Puede alguien organizar elecciones conforme a derecho y, al mismo tiempo, tolerar o participar en negocios indebidos con el presupuesto electoral? Sí. La competencia profesional y la honradez no vienen necesariamente juntas. La idea de la sombra en Jung ayuda a pensar esa contradicción: aquello que una persona se resiste a reconocer en sí misma puede convivir con la imagen respetable que ofrece a los demás. Un funcionario puede defender sinceramente el voto y encontrar justificaciones para favorecer a un proveedor, consentir un sobreprecio o guardar silencio ante una irregularidad. Hasta puede convencerse de que sus servicios a la democracia compensan esas pequeñas concesiones. Pero organizar bien una elección no da derecho a cobrar la diferencia por otro lado. El IEEM debe responder por ambas cosas: la legalidad de los comicios y la integridad de su administración. Sus funcionarios no pueden presentar los resultados electorales como certificado de buena conducta presupuestal. Jung sirve para entender cómo alguien consigue vivir con esa contradicción. La auditoría debe establecer qué hizo con ella.


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