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Crisis energética mundial

jose-luis-arriaga

Crisis energética mundial

Para los próximos dos años, al menos, se prevé un escenario como el actual: costos elevados por la electricidad

El mundo atraviesa una crisis energética. Hace meses que la mayoría de los países desarrollados han dado diferentes vuelcos, algunos bandazos o hasta golpes de timón para tratar de resolver sus problemas con la generación de energía. Para nadie es desconocido que tras el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania se ha puesto de cabeza el mercado de los combustibles de origen fósil. En países de la élite mundial, como Suiza, han llegado al extremo de anunciar que sus supermercados tendrán que cerrar temprano para ahorrar electricidad.

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La electricidad en países como Alemania, Francia y España se ha vuelto un servicio de superlujo. Poder pagar el recibo de la luz está complicando la vida de la mayoría de la población. Y es que una muy considerable cantidad de cosas que empleamos todos los días tienen como necesidad imperiosa la electricidad. Un mundo eléctrico, abastecido con energías provenientes del sol, el viento y el agua es lo que aparecía en el horizonte de muchos ambientalistas hace apenas una o dos décadas como la ruta a seguir.

El investigador de la Universidad de Stanford Mark Z. Jacobson, a la cabeza de la iniciativa The Solutions Project, presentó en el año 2017 un ambicioso plan según el cual  la mayoría de la energía a emplear debería ser eléctrica y aquellos países que son responsables del 99% de las emisiones de gases de efecto invernadero podrían lograr su transición a energías renovables hacia el año 2050, con lo cual podrían mitigarse los efectos del cambio climático. En dicho documento se reunían las evaluaciones hechas a 139 países acerca de su capacidad para transitar hacia energías limpias y concluyeron que era posible y, además, necesario.

Un lustro después, Estados Unidos, China y casi todas las naciones dela Unión Europea han aumentado su demanda de carbón para producir electricidad. Y aunque ninguna nación europea ha revertido aún su compromiso de eliminar gradualmente el carbón para 2030, Alemania, Austria, Francia y los Países Bajos anunciaron recientemente planes para permitir una mayor generación de energía basa en carbón  debido a que el gas que compran a Rusia ha dejado de fluir con la regularidad a la que estaban acostumbrados.

¿El fin del petróleo?

Por décadas hemos generado un estilo de vida en el que la electricidad es indispensable. Carecer de electricidad es impensable para dicho estilo: la producción, el comercio, las comunicaciones, la seguridad, el abasto y hasta el ocio dependen de la electricidad para operar de manera óptima. ¿Cómo poder generar la electricidad suficiente para los ya casi 8 mil millones de habitantes del planeta? Ese empieza a ser ya un problema.

Lo venía siendo desde hace algunos años y, de manera acertada, se planteaba hacer la transición paulatina a la producción de electricidad a partir del sol, del viento y del agua. Pero esa transición sólo es posible si se le impulsa a partir de la energía fósil: producir los paneles solares, los aerogeneradores, las turbinas hidroeléctricas,  y toda la infraestructura necesaria para su operación requiere del petróleo, el gas, el carbón.

El problema es que parece no haberse avanzado lo suficiente en la reconversión y la demanda de energía fósil va al alza porque la población global requiere más energía. El volumen de petróleo y gas que produce el mundo parece haber llegado a su límite en tanto que la población y sus requerimientos de energía no se han detenido. Hay voces que están señalando ya un límite biofísico para abastecer de energía al planeta entero. Cuando se vuelven escasos los insumos para producir la electricidad, sube su precio y empiezan los problemas.

Ese es el punto en el que estamos ahora. Se ha vuelto dramáticamente más evidente ese desequilibrio entre oferta y demanda por la marginalidad de Rusia en el mercado global, tras iniciar su conflicto armado con Ucrania. Sin embargo, pareciera que, a pesar de que resolviera ese problema y volviera al mercado con su petróleo y gas, ya no sería suficiente para abastecer la demanda creciente. Ese es el tamaño de la crisis energética.

Para los próximos dos años, al menos, se prevé un escenario como el actual: costos elevados por la electricidad, producción basada en carbón o gas (apoyada un poco por la energía nuclear y las incipientes fuentes eólicas y solares) y demanda creciente. No es tan alentador el panorama, pero es lo que hay.