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Día Mundial del Agua y la crisis no renovable

Día Mundial del Agua y la crisis no renovable

Sabemos que hay más de 2 mil millones de personas en todo el planeta que no tienen acceso seguro y continuo al vital líquido

Como cada año, este 22 de marzo se conmemora el Día Mundial de Agua. Es, desde luego, una fecha para “hacer conciencia” de lo importante que resulta este líquido en la vida de todos y el riesgo que tenemos de acabar peleando por ella. En este mismo espacio, desde hace años, hemos tocado el tema, hemos hablado de la crisis hídrica en la que se encuentra el planeta entero. 

Sabemos que hay más de 2 mil millones de personas en todo el planeta que no tienen acceso seguro y continuo al vital líquido. Conocemos también que los mantos freáticos siguen bajo una muy intensa presión. Tampoco es nuevo decir que la gran concentración de personas en las mega metrópolis del mundo ha implicado una sobredemanda que obliga a llevar el agua desde lugares sumamente remotos para abastecer las crecientes y voraces zonas urbanas.

Pero aún sabiendo todo eso y más, nunca sobrará recordar que se trata de un elemento central para la vida, que es finito y que su ciclo se ha alterado precisamente por la mutación climática en la que nos encontramos: tala incesante, elevación de la temperatura del planeta, contaminación, sobreexplotación… Son, todos ellos, problemas recurrentes y no por ello intrascendentes.

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De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, 20 litros de agua es la cantidad mínima necesaria para que una persona pueda sobrevivir, en un contexto de emergencia. Sin embargo, en condiciones normales los promedios de consumo per cápita al día rebasan diez veces eso, aunque no en todas partes. Hay regiones del planeta con niveles de consumo muy contrastantes: en Inglaterra se pueden consumir 300 litros diarios de agua por persona y en Mozambique 10. Así de dispar es el acceso al agua para los seres humanos.

Este año la conmemoración del Día Mundial del Agua está dedicada a las aguas subterráneas, esas fuentes invisibles que nos abastecen de casi toda el agua dulce que ocupamos y, además, proveen dicho líquido a los ecosistemas. En nuestro país hasta un 70 por ciento del agua que consumimos proviene de los acuíferos subterráneos. Una cuarta parte de ellos se encuentra sobreexplotado, aunque ello es sólo una estimación, pues no hay registros precisos y continuos sobre su nivel de degradación.

La especie humana, que ha dispuesto todo en el planeta para servirse de sus elementos, tarde o temprano enfrentará el reto de no contar con agua suficiente para sostener el actual estilo de vida.

Un problema creciente es también el uso del agua para la producción de bebidas industrializadas. Así de contradictorio es el ser humano: no ocupa agua para saciar su sed, demanda bebidas con sabor, color, elementos adicionales, envase, cierta temperatura, etc. En México -como en el resto del mundo- las plantas productoras de refrescos, cervezas, jugos, agua embotellada, etc. explotan centenares de miles de millones de litros de agua al año. Los principales, Coca-Cola y Pepsi. En un segundo plano, pero no menos grave, Nestlé y Danone; después vienen las cerveceras y un muy largo etcétera que incluye a Jumex, Bimbo, Kellogs y otras.

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La crisis hídrica está en curso. No hay signos muy alentadores de cara al futuro.

La especie humana, que ha dispuesto todo en el planeta para servirse de sus elementos, tarde o temprano enfrentará el reto de no contar con agua suficiente para sostener el actual estilo de vida. Como ya lo dijimos hace años en este mismo espacio: dentro de una década el déficit mundial de agua podría llegar a 40% de la población global. Sí, cuatro de cada 10 personas carecerá de acceso seguro y corriente al agua.

Hoy un tercio del agua que se envía por las redes hacia las casas de las personas se desperdicia por fugas y falta de mantenimiento. Ello también contribuye a que se tenga que extraer más agua de los mantos subterráneos. Hay que sumar a lo anterior los problemas al interior de cada hogar: fugas, desperdicio, abuso, etc. Lo sé, no se aprecia el valor del agua hasta que se seca el pozo. A los que hoy vivimos en las ciudades quizá no nos alcance la vida para lamentar las consecuencias de luchar por sobrevivir sin agua. Habrá quienes sí tengan que habérselas con que el fluido esencial del que depende la vida, terminamos por convertirlo en un envase.