Los liberales podrían retomar el poder en Canadá en 2015, de la mano de una figura que irrumpe en el escenario político, Justin Trudeau, y relegar a los conservadores del primer ministro Stephen Harper, lejos de estar en un buen momento.
Desde que los llamados Tories llegaron a Ottawa en 2006, esta es la primera ocasión en que el gobierno se ve sacudido por escándalos de corrupción al punto de socavar su imagen y poner en peligro las aspiraciones de reelección de Harper.
Las revelaciones del pasado año sobre los senadores Pamela Wallin, Mike Duffy y Patrick Brazeau, a quienes nombró el premier como exponentes de la filosofía conservadora de respeto hacia los contribuyentes, causaron un daño innegable.
Los tres parlamentarios fueron investigados por defraudar decenas de miles de dólares al erario público, una saga que golpeó también al jefe de gabinete de Harper, Nigel Wright.
Por tal situación, Wright fue forzado a dimitir tras saberse que le entregó 90 mil dólares a Duffy para reembolsar el dinero utilizado en gastos inapropiados, cuando el propio senador había declarado previamente que hizo la devolución gracias a un préstamo bancario.
Y como un viejo refrán dice que a río revuelto, ganancia de pescadores, la coyuntura fue aprovechada por otras fuerzas políticas que dibujan el mapa canadiense.
En primer lugar sobresale el Nuevo Partido Democrático (NPD), de Thomas Mulcair, una formación que pasó a ser la segunda fuerza del país luego de desplazar al Partido Liberal (PL).
El PL, que había dominado el mundo de la política canadiense desde el siglo XIX, sufrió un descalabro en las elecciones de 2011, cuando se tuvo que conformar con un 18,9 por ciento de los votos y solo 34 diputados en la Cámara de los Comunes del Parlamento.
Ese resultó su peor resultado histórico, por el cual fueron relegados a un tercer puesto en el Legislativo, por detrás del Partido Conservador de Harper y el NPD.
Así que el escándalo del Senado le ofreció a Mulcair la oportunidad de demostrar que se había convertido en un gran líder de la oposición en Ottawa.
Aunque los observadores opinan que Thomas Mulcair debe convencer a sus connacionales de que, en efecto, está listo para ser el primer ministro y que su partido se encuentra preparado para gobernar.
Sin embargo, lo que hasta 2013 se perfilaba con un eventual enfrentamiento Harper-Mulcair en los venideros comicios, se desvaneció cuando en abril de ese año el PL eligió como su nuevo líder a Justin Trudeau.
Con el inexperto políticamente, pero carismático Trudeau, de 43 años de edad e hijo del exprimer ministro liberal más conocido de la historia contemporánea del país, Pierre Trudeau, los llamados Grits empezaban a apostar por la vuelta a la residencia oficial de 24 Sussex Drive, en Ottawa.
"El camino hacia el 2015 no iba a ser fácil para el NPD, pero la llegada de Justin Trudeau, a la cabeza del Partido Liberal, está seriamente enturbiando las aguas", dijeron algunos analistas.
De hecho, en pocos meses Trudeau logró obtener apoyo en diferentes sectores, lo que contribuyó además a despejar la mala racha que cayó sobre el PL en 2006, cuando problemas relacionados con la financiación fraudulenta del partido en la provincia de Quebec provocó la derrota electoral.
A partir de entonces, los liberales, que llevaban hasta ese instante 13 años consecutivos al frente del gobierno, tuvieron una crisis de identidad, lo que sumado los fiascos les costaron el cargo a los dos antecesores de Trudeau: Stephane Dion y Michael Ignatieff.
Pero en 2011 se colmó la copa, cuando en las elecciones de ese año pasaron a un "humillante" tercer lugar en el Parlamento, señalaron entonces no pocos entendidos, quienes empezaron a preguntarse si en esa coyuntura el Partido Liberal iba a desaparecer.
No obstante, vino la recuperación, ya evidente, de los Grits, y así lo demuestran los avances de los liberales en Quebec, ganadores con mayoría absoluta de los comicios anticipados del 7 de abril último, y los indicios de que también se harán del gobierno en Ontario, el 12 de junio.
A Thomas Mulcair, por su parte, no le queda otra alternativa que tratar de persuadir a los electores que apuntan hacia Justin Trudeau y sumar a los hasta ahora leales a Stephen Harper. Una tarea complicada.
Canadá está dividido en 10 provincias (Alberta, Columbia Británica, Manitoba, Nueva Brunswick, Terranova, Nueva Escocia, Ontario, Isla del Príncipe Eduardo, Quebec y Saskatchewan), así como dos territorios (Territorios del Noroeste y Yukón).
La 42 elección federal se celebrará el 19 de octubre de 2015, de conformidad con la Ley Electoral de Canadá, la cual exige que estas se realicen el tercer lunes de ese mes.
En esta oportunidad el mapa electoral augura una fuerte pelea entre los partidos políticos debido al incremento de 30 nuevos distritos electorales (308 a 338) que tendrán igual cantidad de asientos en la Cámara de los Comunes del Parlamento.
Actualmente el Partido Conservador tiene 166 curules, el Nuevo Democrático 103 y el Liberal 34.
En cuanto a las agendas, habrá que seguir de cerca las propuestas de cada uno de los principales aspirantes a la silla de primer ministro para saber cómo enamorarán a los votantes.
Está claro que en política dos más dos no son cuatro, en referencia a que nada hay escrito, pero los esbozos sobre el papel, metafóricamente hablando, dicen que a estas alturas el duelo de octubre en 2015 será entre Haper-Trudeau.
*Periodista de la redacción Norteamérica de Prensa Latina.


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