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El suicidio, derrota social (parte I)

Son muchos los factores, y combinaciones de ellos, que pueden contribuir al riesgo de suicidio

Los intentos de suicidio son más comunes de lo que uno pudiera pensar y la consumación del acto también lo es. En el mundo, alrededor de 800 mil personas cada año logran quitarse la vida por diferentes razones y causas.

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Específicamente en México, según la información más reciente ––publicada por el Inegi en 2018 a propósito del día mundial para la prevención del suicidio––, del total de fallecimientos ocurridos en el país, 6 mil 710 fueron por lesiones autoinfligidas.

Esto es una tasa de suicidio de 5.4 por cada 100 mil habitantes. De estas cifras se considera una tasa de 8.9 fallecimientos por cada 100 mil hombres y de 2 por cada 100 mil mujeres.

No obstante, también existen casos de suicidio en niñas, niños y adolescentes de 10 a 17 años, se trata del cuarto lugar dentro de las distintas causas de muerte.

¿Qué es el suicidio?

El suicidio es el acto de quitarse deliberadamente la propia vida y está determinado por factores de diversa índole. Algunas causas son: la depresión, el consumo de sustancias, el trastorno bipolar o el límite de la personalidad; así como un historial de abuso sexual, físico y emocional o situaciones que provocan estrés como problemas a nivel financiero o ciertas relaciones interpersonales.

¿Quién se suicida?

Todos los sectores de la población son vulnerables al suicidio; sin embargo, las mayores cifras las registran los adultos de 30 a 59 años (46%), seguido por el rango de 18 a 29 (34%) y luego del de 10 a 17 años (10%), según las estadísticas del Inegi de 2018.

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Suicidio infantil y adolescente

De acuerdo con un documento publicado por Healthychildren.org, “son muchos los distintos factores, y combinaciones de ellos, que pueden contribuir al riesgo de suicidio” en niños.

Entre ellos se encuentran antecedentes familiares como constantes conflictos, abuso, violencia, falta de lazos familiares estrechos y problemas de salud mental de los padres; así como la no aceptación de su orientación sexual y la depresión.

Al respecto, se menciona que “casi uno de cada cinco adolescentes sufre de depresión en algún momento de la adolescencia, la American Academy of Pediatrics (AAP) recomienda que todos los niños de 12 años en adelante se sometan a una evaluación de depresión en sus controles anuales”.

Otros factores de riesgo son enfermedades psiquiátricas; consumo de alcohol y sustancias psicoactivas; problemas de conducta, epidemias locales de suicidio y ––en algunos casos–– fácil acceso a armas de fuego y a otros métodos mortales para cometer el acto.

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Asimismo, se ha identificado que el acoso y el acoso cibernético generan ideas suicidas.

Suicidio en el caso del adulto mayor

La pérdida de funciones fisiológicas elementales debido a la edad genera un sentimiento de pérdida que pone al adulto mayor en una situación de depresión, lo que deriva en ideas de suicidio y su intento.

Según información publicada en el artículo Suicidio en el adulto mayor ––realizado por Victoria de la Caridad Ribot Reyes y otros autores––, la relación entre adulto mayor y suicidio se caracteriza por “las transformaciones corporales […], un aumento de la interioridad o desapego psicológico […], menor capacidad de adaptación al estrés y situaciones nuevas y […] empobrecimiento del tejido relacional y social en el que se mueve el anciano, por pérdida de sus pares y el frecuente rechazo del entorno”.

Prevención de suicidio

Definido por la Organización Mundial de la Salud el suicidio es “un problema grave de salud pública que tiene la cualidad de ser prevenible”. Las instituciones son pieza importante para lograr una adecuada prevención de este problema.

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En la segunda parte de este texto se explora el abordaje institucional respecto a esta derrota social, denominada así por la doctora María del Carmen Fuentes Cuevas ––médico pediatra en el Hospital del Niño, Estado de México––.