Hacer generalizaciones en temas sociales, no es un buen método para la discusión pública, pues esos absolutismos de “todo-nada-nunca-siempre” reducen temas complejos a opiniones parciales de quien emite un juicio de valor desde el limitado prisma de su óptica personal; en otro extremo, simplificar la política a la emotividad del contexto provoca adicionalmente un fenómeno de miopía que impide ver el horizonte de las decisiones, pues con frecuencia omnibula la visión estratégica, sea como efecto de la vorágine informativa como de la falta de profundidad en la información disponible.
Por lo tanto interpretar decisiones políticas colectivas, invita o requiere de procesos de análisis que incorpore el mayor número de debates e información que nos ahorren convertirnos en “todólogos”. Este 2018 asistimos a un proceso electoral en donde justamente sucede lo contrario; privan las emociones coyunturales sobre la decisión reposada, prevalece un ánimo de revancha; decidir desde las entrañas nunca fue tan fácil, pues tenemos motivos suficientes para estar molestos con la clase política mexicana. Con este preámbulo no resulta extraño entonces, advertir que estamos ante el inminente cambio del paradigma presidencialista por el arribo de los gobiernos de coalición. Hay evidencias suficientes para advertirlo, pero solo me ocupare de lo general parar ilustrar mis comentarios.
- Sistemáticamente el PRI aparece en tercer lugar de las preferencias electorales a nivel nacional.
- Desde el 2015 los resultados en elecciones locales en favor del PRI y su coalición han sufrido importantes pérdidas.
- En el 2017 la fragmentación electoral le permitió evitar más hemorragias en Coahuila y Estado de México, adicionalmente el uso de una coalición fue suficiente para ganar de panzazo.
- Sin embargo, para el 2018 los nomios son otros; la oposición en su conjunto gobierna 16 estados de la república; AMLO entendió que solo no ganaría y aposto por una coalición que lo mantiene en primer lugar de las preferencias electorales; el PAN y PRD apostaron por un gobierno de coalición con MC lo que evitaran irse al sótano de las preferencias, de haber ido solos, por separado; mientras tanto la coalición del PRI solo es federal y en el plano local tanto el PVEM como el PANAL, juegan por su sobrevivencia en un escenario bastante complicado.
- Par el caso del Estado de México, la coalición del PRI-PVEM-PANAL-ES ganó la gubernatura pero, para este año no irán juntos más que en 15 distritos locales y para los cargos de la elección federal, por lo que los costos del rompimiento de esta fructífera alianza son todo un enigma. Del lado del PRI, parece inminente que desde el 2000 cuando acudió por última vez a diputaciones de RP; en esta ocasión será irremediable acudir a esa figura, pues se antoja poco probable la sobrerrepresentación que derivo de los aplastantes triunfos de mayoría en el pasado, se repiten. Hoy no hay evidencia de que se ese fenómeno se replique en esta elección. Por su parte, tanto el PVEM como el PANAL ahora si apuestan a sus propios méritos para mantener sus registros y no me sorprendería que en estas elecciones se cierre un circulo histórico de dadivas y compromisos inconfesables entre este bloque de gobierno que parece haber llegado a su fin.
- La fractura con sus aliados históricos podría ser determinante en cualquier contexto de elecciones muy cerradas. Sin embargo, la evaluación será compleja porque la coalición nacional podría arrastrar el comportamientos de estos partidos en el plano local eso no lo sabremos hasta después del 2 de julio, mientras tanto, la transparencia artificial de votos como el uso de la RP en favor del gobierno están atadas al porcentaje total de votos que obtendrán por si mismos; pocos triunfos de mayoría y un alto porcentaje (+35%) les da el acceso a la RP. Muchos triunfos de mayoría y un porcentaje similar de votación al 2017 (30%), los dejará lejos de la mayoría simple (38 DIP.).
CLASIFICACIÓN DE LOS DISTRITOS POR TIPOLOGIA (2000-2017)
Figura 1.

Fuente: Elaboración propia, con datos obtenido de CEPLAN.
Como se puede apreciar en el mapa la entidad tiene una muy alta competitividad en el Valle de México y para el caso del PRI su presencia hegemónica se delimita a una gran extensión territorial representada en tonalidades rojas.
La tipología es una caracterización que mide la presencia de los partidos políticos en una sección, distrito, municipio o entidad federativa, tomando en cuenta el número de elecciones ganadas por cada partido en un periodo de elecciones determinado, para el caso del Estado de México su tipología es la siguiente:
El único distrito local hegemónico del PAN, es el no. 29 que pertenece a Naucalpan, en cambio los distritos locales hegemónicos del PRI son: distrito 3, (Chimalhuacán) distrito 4 (Lerma), distrito 9 (Tejupilco) distrito 13 (Atlacomulco), distrito 14 (Jilotepec), Distrito 15 (Ixtlahuaca y el distrito 45 de Almoloya de Juárez.
Los distritos locales 24, 25 y 31 que pertenecen a Nezahualcóyotl, se denominan como Mayoría de PRD; los distritos locales denominados como Mayoría de PRI son: Distrito 1 (Chalco), Distrito 2 (Toluca), distrito 5 (Chicoloapan), distrito 7 (Tenancingo), distrito 10 (Valle de Bravo), distrito 17 (Huixquilucan), distrito 20 (Zumpango). 28 (Amecameca), distrito 31 (Los Reyes), distrito 34 (Toluca), distrito 35 (Metepec), distrito 36 (Zinacantepec), distrito 39 (Acolman) y el distrito 44 (Nicolás Romero).
Los distritos locales tripartidistas son: el distrito 12 (Teoloyucan), distrito 16 (Atizapán de Zaragoza), distrito 18 (Tlalnepantla). Distrito 21 (Ecatepec), distrito 23 (Texcoco), distrito 26 (Cuautitlán Izcalli), distrito 27 (Valle de Chalco), distrito 30 (Naucalpan), distrito 32 (Naucalpan), distrito 33 (Tecámac) distrito 40 (Ixtapaluca), distrito 43 (Cuautitlán Izcalli).
Por último los distritos multipartidistas son: -Distrito 6 (Ecatepec), distrito 11 (Tultitlan), distrito 19 (Tultepec), distrito 22 (Ecatepec), distrito 37 (Tlalnepantla), distrito 38 (Coacalco), distrito 42 (Ecatepec), distrito 8 (Ecatepec).
En síntesis, el PRI tendría que mantener al menos la suma de sus siete distritos hegemónicos y junto a ellos los 14 mayoritarios y desde ahí apostar a recuperar un número significativo ubicado en el bloque tripartidista (se demuestran en la figura 2), que ganó MORENA en el 2017, para otorgar al gobernador esa mayoría que le permita generar una ingobernabilidad democrática, el PRI necesita obligadamente replegar a MORENA.
Ahora bien, un triunfo en distritos de mayoría que se acerque al menos a 20 se antoja el piso mínimo, pero francamente complicado. Será una gran sorpresa si además de sus hegemónicos y mayoritarios (21) logra triunfos que lo lleven al número mágico de 26 de mayoría que impedirá cualquier reforma constitucional sin su participación, estarían de plácemes si a ese número se suman diputados de RP tanto propios como de sus aliados, pues entre más cercanos se coloquen a la mayoría simple (38 escaños) mayor confianza tendrá en su aparato político un gobernador que recién llega y tan pronto ve a amenazado su mandato.
Figura 2.





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