Daño inmoral

El alcalde panista exige millones por un presunto daño moral en una clara maniobra de intimidación política que busca silenciar a la prensa crítica del municipio mexiquense
junio 5, 2026

■ Daño moral o daño al poder incómodo

■ La crítica como amenaza permanente

■ Cuando el poder disciplina la palabra

■ La moral siempre es para los otros

■ Hay enemistades que distinguen


Daño inmoral

El alcalde panista de Metepec demandó por supuesto daño moral a Mario A. García Huicochea, uno de los periodistas más incómodos del Estado de México, y reclama una indemnización de 4.5 millones de pesos. Cada quien intenta ganarse la vida como puede. Según el derecho civil, el daño moral consiste en la afectación al honor, la reputación, los sentimientos, la vida privada o incluso la integridad física de una persona. La duda es inevitable: ¿a cuál de esos bienes jurídicos se refiere exactamente Fernando Flores? ¿Al honor? ¿A la reputación? No creo. Donde natura non da, Salamanca no presta. Más allá del litigio, parece evidente que el objetivo no es encontrar la verdad ni reparar un presunto agravio, sino intentar callar a una de las voces más incómodas para el poder. Cosas de la derechita cuando gobierna: la crítica les parece intolerable y la discrepancia suele confundirse con una ofensa.

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Enemigo necesario

Simone de Beauvoir observó que buena parte del pensamiento conservador se organiza alrededor del miedo. Miedo a perder privilegios, control, prestigio o legitimidad. La crítica deja entonces de ser una herramienta democrática para convertirse en una amenaza que debe neutralizarse. Poco importa si durante años un periodista ha documentado hechos, exhibido documentos o sostenido investigaciones incómodas. Lo verdaderamente intolerable es que siga preguntando. Y cuando la incomodidad alcanza cierto umbral, aparece una vieja tentación del poder: utilizar todos los instrumentos disponibles para elevar el costo de la crítica. No necesariamente para ganar una discusión, sino para enviar un mensaje.

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Disciplinar la palabra

Los estudios sobre autoritarismo político describen una constante que atraviesa épocas, ideologías y geografías. La autoridad recibe con agrado el aplauso, pero suele interpretar la crítica como una forma de insubordinación. La demanda presentada por el alcalde de Metepec puede leerse desde esa lógica. La justicia resolverá el litigio. Lo políticamente relevante está en otro lado. Detrás de estos episodios suele aparecer una aspiración tan antigua como el poder mismo: disciplinar la palabra incómoda, desalentar la pregunta persistente y convertir el cuestionamiento en una actividad de riesgo. La historia está llena de ejemplos. Cuando el poder intenta que se pregunte menos, se investigue menos o se dude menos, quien termina perdiendo no es el periodista. Es la calidad democrática de la sociedad que dice gobernar.

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La moral de los otros

La derecha suele hablar mucho de moral. De valores. De principios. De buenas costumbres. Hay toda una tradición de pensamiento que convierte los propios intereses en virtudes universales. Lo que beneficia a unos cuantos se presenta como bueno para todos. Lo que cuestiona esos privilegios se vuelve sospechoso, incómodo o francamente inmoral. Resulta una filosofía bastante funcional. Sobre todo para quienes ejercen poder, acumulan influencia o hacen negocios. La moral suele aplicarse con severidad a los demás y con generosa comprensión a uno mismo. Quizá por eso algunos personajes pueden convivir sin dificultad con controversias empresariales, litigios mercantiles o cuestionamientos públicos, pero consideran intolerable una columna periodística. Cada quien escoge las ofensas que mejor le acomodan.

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Distinciones

Hay ocasiones en que los adversarios distinguen más que los aliados. Incluso más que los amigos. Que un alcalde panista con la trayectoria pública de Fernando Flores haya decidido demandar a Mario A. García Huicochea no lo preocupa ni lo ofende. Más bien lo orienta. Le indica que sigue caminando por el rumbo correcto. Después de todo, uno termina pareciéndose a las compañías que frecuenta y a los aplausos que busca. Mal estaría si Fernando Flores alabara su trabajo, alabara sus opiniones o lo considerara uno de los suyos. Eso sí documentaría su fracaso.

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