El Estado de México que sueñan los mexiquenses

La transformación histórica no consiste en cambiar de gobernantes. Consiste en que una sociedad descubra que también puede decidir su destino

Los pueblos no se transforman cuando cambia un gobierno.

Se transforman cuando cambia la idea que tienen de sí mismos.

Por eso el acontecimiento más importante ocurrido en el Estado de México durante los últimos años no puede medirse únicamente en votos, porcentajes electorales o cambios administrativos. Tampoco en la derrota de un partido ni en el ascenso de otro. Los partidos son instrumentos pasajeros de la historia. Las sociedades son su materia permanente.

La verdadera pregunta que dejó abierta la elección de 2023 no tiene que ver con Morena ni con el PRI.

Los pueblos se transforman cuando cambian la idea de si mismos / Foto: Archivo AD Noticas

Tiene que ver con los mexiquenses.

Durante décadas el Estado de México fue imaginado desde arriba. Desde las oficinas públicas, los grupos políticos, los despachos técnicos, las cúpulas empresariales y los centros tradicionales de decisión. Las grandes definiciones sobre el territorio, la economía, la movilidad, el desarrollo urbano o la infraestructura casi siempre fueron concebidas desde la lógica del poder.

  • La ciudadanía aparecía después.
  • Como beneficiaria.
  • Como usuaria.
  • Como electora.
  • Rara vez como autora.

Quizá por eso el principal desafío de esta nueva etapa histórica consiste en invertir la ecuación.

Pensar el Estado de México desde la sociedad y no únicamente desde el gobierno.

Parece una diferencia semántica.

No lo es.

Durante buena parte del último siglo, la entidad fue construyéndose alrededor de una lógica administrativa. Resolver problemas, contener presiones, expandir infraestructura, gestionar el crecimiento metropolitano, atender demandas inmediatas. Todo ello era necesario. Pero también tuvo un costo: se perdió la discusión sobre el propósito.

  • Se discutía cómo crecer.
  • Se discutía cuánto invertir.
  • Se discutía quién gobernaba.
  • Rara vez se discutía para qué.

Y las sociedades que dejan de preguntarse para qué terminan avanzando sin dirección.

La pregunta que hoy enfrenta el Estado de México es mucho más profunda que cualquier coyuntura política.

¿Qué tipo de comunidad quiere ser?

Porque detrás de los indicadores económicos existe una realidad más compleja.

La entidad más poblada del país es también una de las más diversas.

El Edomex tiene diferentes perspectivas y diversidades en población y condiciones / Foto: Archivo AD Noticias

No existe un solo Estado de México.

Existen muchos.

  • Está el Estado de México industrial que exporta al mundo.
  • Está el Estado de México agrícola que sigue dependiendo de la tierra.
  • Está el Estado de México indígena que resguarda memorias centenarias.
  • Está el Estado de México universitario que produce conocimiento.
  • Está el Estado de México popular que todos los días cruza kilómetros para trabajar.
  • Está el Estado de México empresarial que genera riqueza.
  • Está el Estado de México de los bosques, de las montañas, de las fábricas, de los mercados y de las ciudades interminables.

Durante años la política intentó administrar esa diversidad.

La tarea del futuro consiste en convertirla en una fortaleza.

Las regiones que prosperan no son las que eliminan sus diferencias.

Son las que aprenden a organizarlas alrededor de un propósito compartido.

Y acaso ese propósito pueda resumirse en una idea tan sencilla como poderosa: dignidad.

La palabra suele parecer abstracta hasta que se observa la vida cotidiana.

Dignidad significa que una persona no tenga que invertir cuatro horas diarias para trasladarse a su trabajo.

Dignidad significa que el acceso al agua no dependa del código postal.

Dignidad significa que la educación amplíe horizontes y no reproduzca desigualdades.

Dignidad significa que la seguridad deje de ser un privilegio.

Dignidad significa que el lugar donde se nace no determine inevitablemente el lugar donde se muere.

Las grandes transformaciones históricas suelen comenzar cuando una sociedad decide elevar sus aspiraciones.

Eso es lo que hoy está en juego.

  • No la permanencia de un gobierno.
  • No la supervivencia de un partido.
  • No la carrera de un dirigente político.

El Edomex debe reconocerse por la calidad de vida de su gente / Foto: Archivo AD Noticias

Lo que está en juego es la posibilidad de construir una visión colectiva de futuro.

Un Estado de México que no sea definido únicamente por su tamaño demográfico, su peso electoral o su capacidad económica.

Un Estado de México reconocido por la calidad de vida de su gente.

Por la fortaleza de sus instituciones.

Por la cohesión de sus comunidades.

Por la vitalidad de su cultura.

Por la inteligencia de sus decisiones públicas.

Las próximas décadas serán decisivas.

Las obras públicas terminarán.

Los gobiernos pasarán.

Los liderazgos cambiarán.

Pero las decisiones que hoy se tomen sobre educación, territorio, movilidad, medio ambiente, desarrollo económico y participación ciudadana seguirán produciendo efectos cuando los nombres de la coyuntura hayan desaparecido de la memoria pública.

Por eso la discusión más importante de nuestro tiempo no es quién administra el presente.

Es quién se atreve a imaginar el futuro.

Porque los pueblos que dejan de imaginar terminan aceptando cualquier destino.

Y los que aprenden a pensarse a sí mismos terminan construyendo uno propio.

Tal vez esa sea la oportunidad más valiosa que tiene hoy el Estado de México.

No la de cambiar de gobierno.

La de cambiar de horizonte.

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