La fiesta de los panteones

Toluca, México; 2 de noviembre de 2019. Mientras llega la hora de ir a los panteones, en las calles, los niños, disfrazados, piden “para su calaverita”, todos están acompañados por un adulto porque la inseguridad no les permite, como antes, ir en grupo, con los niños mayores como responsables. Las veladoras iluminan el camino de los seres queridos. Foto Patricia Ramírez Disfrazados irán a los panteones, un rato porque luego deberán dormir mientras los adultos se quedan alrededor de las tumbas: comiendo, bebiendo, cantando o ahí, solos, sentados en la orilla de cemento de la tumba, tapados con cobijas y
noviembre 2, 2019

Toluca, México; 2 de noviembre de 2019. Mientras llega la hora de ir a los panteones, en las calles, los niños, disfrazados, piden “para su calaverita”, todos están acompañados por un adulto porque la inseguridad no les permite, como antes, ir en grupo, con los niños mayores como responsables.

Las veladoras iluminan el camino de los seres queridos. Foto Patricia Ramírez

Disfrazados irán a los panteones, un rato porque luego deberán dormir mientras los adultos se quedan alrededor de las tumbas: comiendo, bebiendo, cantando o ahí, solos, sentados en la orilla de cemento de la tumba, tapados con cobijas y gabanes, fumando y pensando quién sabe qué cosa. 

En el cementerio de Capultitlán hace frío y el ambiente está húmedo, hay algunas zonas que incluso están inundadas, más hacia el fondo. En ese panteón las tumbas están tan cerca unas de otras que se hace difícil el paso, sobre todo la noche del 1 de noviembre, cuando los familiares de los difuntos colocan ceras y se quedan cerca, como queriendo calentar al familiar muerto, como deseando calentar la noche. 

Mientras haya a quien recordar, esta tradición no terminará. Foto Patricia Ramírez

En México existe una celebración en muertos, la fiesta se realiza por 

recibir la visita de un ser amado: el 31 de octubre y el 1 de noviembre empiezan a llegar los muertos a casa, el 2 de noviembre se le acompaña al cementerio, donde cada núcleo familiar tiene una manera de ser: algunos hacen fiesta, otros se emborrachan, unos más sólo acompañan la tumba, los que han perdido más recientemente un familiar todavía lloran. 

Si la luz es tenue, el olor a flores te hará llegar. Foto Patricia Ramírez

La oscuridad y el silencio que siempre tiene un cementerio se rompe esta noche; se ilumina por los cientos de ceras que se colocan en las tumbas; las voces de las personas resuenan, como los dos o tres grupos de ranchero y mariachi que son contratados para cantarle a los muertos, la tierra se convierte en mesa y el frío se disipa.

Aquí nos vemos el próximo año. Foto Patricia Ramírez

 

Los más adaptados han colocado una carpa alrededor de la tumba, tienen sillas y la privacidad que dan cuatro paredes de plástico blanco, también tienen menos frío, pero no espacio para bailar, por eso una pareja de jóvenes sale para bailar una cumbia. 

 

En Capultitlán, la mayoría de las tumbas fueron arregladas con flores, iluminadas con velas, aunque algunas no, sólo están ahí, sin color amarillo ni luz pero sí con una flor que alguien, de la fiesta de al lado puso en la lápida, como quien convida a la fiesta, como quien invita un trago.

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