La guerra que se libra en el Congreso, nos hace ver una realidad que infama – me dice Marcelino mientras bebe su apestoso licor de orines rancios.
- “No veo guerra alguna, amigo. Los diputados suelen abrir la boca cuando los otros diputados no los escuchan. Si bien se dicen los unos a los otros que son caraduras, sinvergüenzas y malnacidos, aunque en el fondo se cortan por la misma tijera”
- “Lo que no ves, Germán, es que esta democracia está degenerando mucho”
No lo entiendo, la verdad sea dicha, hemos pasado de un pasado donde lo común eran las mentadas de madre, a un presente donde los insultos no existen. Antes la guerra era otra cosa. Los diputados se trataban de asquerosos. Si bien a nuestros diputados no les pagamos para que se llamen entre sí caraduras, sinvergüenzas o mal nacidos.
- “El problema – me suelta Marcelino – es que nuestra vida parlamentaria languidece y mira que el ejemplo más cercano es el de las comparecencias que no sirvieron para ofrecer información distinta a lo contenido en el informe del gobernador. Fue pan con lo mismo, frases estudiadas, de ambos lados, para parecer que estaban en una lid verdadera”.
Cierto, se trató de una especie de pasarela ante las comisiones legislativas, sin un análisis real, sin exigencia de nadie por abrir los expedientes y dar cifras concretas y comprensibles.
- “Mira Germán, el Congreso es una novela donde cada diputado es un personaje o un capítulo. Saben en qué momento lanzar pedradas y hacer aspavientos, pero a una seña se vuelven mansos como corderos. Y no son cosas que se improvisan sobre la marcha, están determinadas por los tiempos, por los grupos. Todo ello constituye la trama del discurso parlamentario, dizque democrático. Si el pueblo siente y ve que el gobernador se está excediendo, mágicamente es bueno desde el cinismo cameral, se transforma en bueno desde la honradez intelectual, el decoro y el humanismo que distingue a nuestros conspicuos diputados”.
- “Si lo dijeras en serio, estaría estrangulándote, porque mira que en estos momentos donde se denuncian crímenes, robos, estafas, corrupción, con nombres y apellidos, hablar de transparencia, verticalidad y eficacia gubernamental es casi como asegurar que todos vivimos con una tranquilidad brutal”.
- “Es el círculo infernal de la democracia regida por los mass media. Ya lo ves que cuando algo se espera que pase en el Congreso, y me refiero a algo trascendental, ninguno expone en sus crónicas la forma en que charlan los diputados de sus cosas, sus viajes y vacaciones, mientras el pueblo grita fuera de las paredes por justicia o, al menos, para ser escuchados”.
Me deja mucho en qué pensar Marcelino. Recuerdo a bote pronto que en su primer año de labores la LIX Legislatura aprobó 178 iniciativas, la gran mayoría enviadas por el gobernador. Pero más me deja inquieto el que esos representantes populares se den la gran vida y piensen, en estos momentos, en lo que harán dentro de unos meses, a qué hueso brincarán, o cuánto les dejará plegarse a las determinaciones del poderoso.
Marcelino se levanta y señala con su dedo por la ventana, afuera de la Taberna. “Mira, es Juan Zepeda”.
- “¿El ex esposo de Ninel Conde?”
- “No, Germán, el diputado que quiere gobernar y que nadie sabe de dónde ha sacado tanto dinero para promoverse… a menos que tenga la bendición del de Lerdo”.
Muchos espectaculares para un diputado, para su promoción, para su imagen. No cabe duda, el Congreso es una novela con tintes muy macabros.


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