La Taberna del León Rojo

Decía Marcelino: “Los políticos andan por aquí y por allá, van y vienen, entran y salen, crecen, nacen, viven, se reproducen, los cesan y vuelven a emerger entre las miasmas de su sinrazón… pero nunca mueren”. Hacía frío en La Taberna. Varios camaradas nos reunimos este domingo para hablar de mil y un temas. Pensamos hilar una charla sobre el teatro universitario y sus cadenas que lo ahogan, sobre las ocurrencias de diputadas como la “corcholata” Carmen Salinas, sobre el agua hedionda del Lerma, o sobre los sueños guajiros de un PRD dominado por un grupúsculo de vividores. Pero el
enero 22, 2017

Decía Marcelino: “Los políticos andan por aquí y por allá, van y vienen, entran y salen, crecen, nacen, viven, se reproducen, los cesan y vuelven a emerger entre las miasmas de su sinrazón… pero nunca mueren”.

Hacía frío en La Taberna. Varios camaradas nos reunimos este domingo para hablar de mil y un temas. Pensamos hilar una charla sobre el teatro universitario y sus cadenas que lo ahogan, sobre las ocurrencias de diputadas como la “corcholata” Carmen Salinas, sobre el agua hedionda del Lerma, o sobre los sueños guajiros de un PRD dominado por un grupúsculo de vividores.

Pero el tema que nos llamó la atención y nos marcó para dedicarle varias horas, fue la “oportuna”, “gentil” y nada electorera, pero claro que no, intervención de las autoridades federales en municipios mexiquenses para que los más jodidos tengan alimentos caducos, promesas estériles y obligación de apoyar al partidote el 4 de junio.

“No basta con tan desinteresada y efectiva acción de quien manejan miles de millones de pesos para apoyar a los más jodidos… la gente no es tonta. Si pensaba Peña y compañía que los indígenas son ilotas, está errado”, dijo Marcelino.

Gustavo, de origen otomí, terció mientras bebía su jarro de agua con café – era el único que no bebía de aquel grupo-, “ya los propios organismos creados por el gobierno señalan que la falta de oportunidades laborales en las zonas indígenas ha hecho que el campo se convierta en un huerto fantasma; no hay que ir lejos, aquí en el Valle de Toluca las áreas agrícolas de municipios como Temoaya, Xonacatlán, Otzolotepec y Almoloya de Juárez, se están quedando solas”.

“¿Qué podemos hacer? Los dichos de los gobernantes chocan con las aseveraciones de líderes, dirigentes, chamanes, hermanos mayores, caciques o qué se yo de los pueblos originales, que aseguran que el indígena está descubriendo que el campo ya no es negocio y que por ello muchos están volteando a ver el comercio, informal, of course,  como alternativa para medio subsistir” – dije, mientras Marcelino empezó a carraspear.

“Mira, Germán, los que manejan el dinero como si fuera suyo, como es el caso de encopetado presidente y su séquito de genuflexos lamebotas, no atienden a un hecho simple: los indígenas son carne de la tierra, tierra y carne, hombres y mujeres con siglos de malas cosechas en la cara, con un sinfín de promesas incumplidas  a cuestas y víctimas de un aberrante manoseo electoral. Los indígenas, de miradas desconfiadas sobre caras surcadas de arrugas, son los mismos de siempre, los que hacen un trabajo callado y duro con el sol, con la helada, que enfrentan año con año la cosecha con el sufrimiento perenne porque lo que logren lo tienen ya entregado, porque los insumos y las semillas son caros, más ahora con los gasolinazas, porque los programas que les ofrecen las autoridades son leoninos. ¿Y, qué ha hecho nuestro preclaro presidente por estos hombres y mujeres de sol y esfuerzo? Entregarles bagatelas, confeccionarles programas cargados de tecnicismos, comprarles las tierras que dejan a precios bajos para sus cuates de OHL, emplearlos como criados, colocarlos en las esquinas para que den la mordida, para que los “hombres bien” violen a las campesinas guapas y las mujeres de esos “hombres bien” violen a los campesinos guapos. Peña Nieto, Miranda, la Robles y sus piernas de vedette, son el take to take de la política. Te digo y no te digo. Hago que hago, pero no hago y a final de cuentas la gran pregunta es: ¿en qué emplean los recursos si el campo ya casi no tiene campesinos y los indígenas han dejado sus lugares de origen para convertirse en estadística urbana de marginación, pobreza, ultraje y violencia?”.

“Bueno, gordo amigo, el campesino, el indígena, también cuenta como voto aunque no vote”, dije sin mucho ánimo.

Nadie habló. Quedamos en silencio mientras el mundo seguía su marcha con los indígenas, sin los indígenas, con nosotros, sin nosotros, pero sí con los políticos inmortales.

Correos, mentadas y demás lindezas al correo [email protected]

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Síguenos

Te recomendamos