La Teoría del Caos

El asunto de la pretendida obra en Paseo Tollocan no data de los días recientes; es un poco más añejo. Incluso, ya había sido autorizado –hace un año– por el gobierno federal, bajo la consideración de que la obra se realizaría en una vía federal, lo cual jurídicamente tiene aún ese punto por resolver en algunas de sus aristas: puede ser motivo de la defensa de este espacio. Hace un año, el asunto no convocó ningún interés y su propósito era el mismo. Todo inició como un proyecto privado, efectivamente propiciado por los propietarios de la plaza Galerías Toluca, quienes
junio 28, 2017

El asunto de la pretendida obra en Paseo Tollocan no data de los días recientes; es un poco más añejo. Incluso, ya había sido autorizado –hace un año– por el gobierno federal, bajo la consideración de que la obra se realizaría en una vía federal, lo cual jurídicamente tiene aún ese punto por resolver en algunas de sus aristas: puede ser motivo de la defensa de este espacio. Hace un año, el asunto no convocó ningún interés y su propósito era el mismo.

Todo inició como un proyecto privado, efectivamente propiciado por los propietarios de la plaza Galerías Toluca, quienes pretenden tener acceso y salida hacia el centro de la ciudad mediante un puente deprimido. La obra se frenó y casi nadie dio cuenta de ello; las cosas se mantuvieron así hasta que el beneficiario inicial del proyecto echó a andar la maquinaria otra vez.

Obtuvo prácticamente todos los permisos requeridos, incluyendo los que atañen al derecho por la vía ferroviaria que atraviesa el Paseo Tollocan, que son de carácter federal, es decir, emitidos por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Además, obtuvieron la autorización en materia de impacto ambiental, que es de carácter estatal, y el permiso para la tala de árboles –que por cierto autoriza el ayuntamiento, no la Semarnat–; consiguieron igualmente la autorización para realizar un proyecto de infraestructura en una vialidad primaria, que debe ser validado por la Junta de Caminos, que depende de la Secretaría de Infraestructura.

En síntesis, desde el punto de vista de la legalidad todo parecía estar en regla. Desde el punto de vista de la responsabilidad moral, el asunto está por los suelos. No basta argumentar que lo que inició como un proyecto estrictamente privado se convertirá en un asunto de beneficio social, o que lo que antes sería un paso deprimido –que diera acceso y salida al establecimiento comercial– ahora se convertirá en un proyecto de vialidad con retornos que permitirán la movilidad en la zona.

Leído así, suena bien; el defecto es que ello no formó parte de los programas de infraestructura y movilidad, sino que obedece a un interés particular, que pudiera –sólo eso, pudiera– derivar en un beneficio social mayor.

Lo que quizá indigna es la necedad de validar un proyecto particular: ¿quién está detrás de él? ¿En qué arenas movedizas del poder se mueve que puede salir tan tranquilo para seguir sosteniendo su proyecto? Aunque no hay bases ni información para acreditarlo, ¿no parece que esta imposición tiene un tufo de corrupción? Quizá no sea así, pero esa apariencia es la que refleja.

No hagas cosas buenas que parezcan malas, han dicho las abuelas de todos los tiempos.

¿Por qué, antes de una obra como ésta, no se han llevado a cabo acciones de limpieza, mantenimiento, forestación y reforestación del Paseo Tollocan? Una vialidad que le da imagen e identidad a la capital del estado bien podría ser convertida en un ícono urbanístico y paisajístico, como el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México.

¿En verdad se requiere un retorno? ¿No para eso se retiraron los que antaño existían (que por cierto eran poco funcionales y fueron motivo de muchos accidentes por la rapidez con que conducían en la vía)? Aunque debe puntualizarse que estos retornos serían deprimidos y no como los removidos hace unos años.

A la luz de lo que ha sucedido en los últimos días, está en el interés ciudadano defender algo que se considera patrimonio colectivo; la sombra la puso el décimo tercer regidor toluqueño (de extracción perredista), al querer abanderar algo que no necesita su aval, ni sus intereses partidistas y personales. Bien lo señaló Alfa Diario, este asunto no es para que un vividor de la política –el adjetivo es mío­– lo desvirtúe.

La moneda está en el aire. La postura gubernamental es no suspender el proyecto; la postura ciudadana es lo contrario.

En la casona de Lerdo núm. 300 no han entendido que si sus aspiraciones son más altas deben ser sensibles al malestar y, sobre todo, al sentir ciudadano. Eso dejó claro la pasada elección: no basta dar una imagen familiar; la gente sigue molesta y, lo peor, sus correligionarios también.

 

CARPE DIEM

El asunto de la pretendida obra en Paseo Tollocan es un buen momento para que nosotros, los ciudadanos, reflexionemos: nos quejamos de las fotomultas –a todas luces injustas e inconstitucionales– pero seguimos sin fortalecer una cultura vial por el cuidado y respeto al entorno y al peatón. Si tuviéramos una cultura vial, obedeciéramos los límites de velocidad y las señalizaciones, no se requerirían ocurrencias absurdas como las fotomultas.

Hagamos un examen de conciencia y aportemos nuestro compromiso cívico de ser mejores ciudadanos, dignos de la ciudad que queremos.

Nos leemos en otra semana caótica.

Cualquier comentario: [email protected]

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