Los saqueos como válvula de escape

  Reflexionemos sobre el siguiente dato: durante los convulsos primeros días de este 2017, relacionados con el incremento en los precios de la gasolina, 681 tiendas de varias partes del país (desde grandes almacenes hasta pequeñas tiendas de conveniencia) fueron saqueadas; en tanto que otras 1,900 tuvieron que cerrar durante varios días por temor al vandalismo. Esto ocurrió entre el 4 y 6 de enero del presente año. La información fue dada a conocer por la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), agregando que el monto estimado de pérdidas para los negocios saqueados fue de mil 922
enero 25, 2017

 

Reflexionemos sobre el siguiente dato: durante los convulsos primeros días de este 2017, relacionados con el incremento en los precios de la gasolina, 681 tiendas de varias partes del país (desde grandes almacenes hasta pequeñas tiendas de conveniencia) fueron saqueadas; en tanto que otras 1,900 tuvieron que cerrar durante varios días por temor al vandalismo. Esto ocurrió entre el 4 y 6 de enero del presente año.

La información fue dada a conocer por la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), agregando que el monto estimado de pérdidas para los negocios saqueados fue de mil 922 millones de pesos. Ya en el detalle de los acontecimientos, se confirmó que la mayor parte de los asaltos a estas tiendas tuvieron lugar en el Estado de México (231 saqueos en al menos 16 municipios), sobre todo en la zona conurbada a la Ciudad de México.

Hay varias cosas que están relacionadas con este dato; la primera está vinculada al modo como se detonó la cadena de actos vandálicos. Indudablemente las redes sociales fueron clave: fue por esta vía que circularon las primeras imágenes de saqueos, que cundió el rumor del caos y que se convocó a tomar parte en las acciones. Está tan extendido el uso de dispositivos móviles y es tan común la pertenencia a las redes sociales (facebook, twitter, whatsapp, etc.), que lo ocurrido en los saqueos sólo representa una muestra del nivel de credibilidad que se asigna a esas formas de comunicación.

Yo estaba en una plaza comercial justo al iniciar la tarde del miércoles 4 de enero, cuando las redes sociales se empezaron a inundar de imágenes, avisos, advertencias y recomendaciones entorno de supuestos vándalos y encapuchados que iban de tienda en tienda saqueando y robando. Desde el inicio me quedó clara una cosa: eso estaba pasando en el celular, no en el entorno. Es decir, yo, que no uso celular por diversas razones, no veía en las calles nada que indicara algún peligro, pero la mayoría de las personas a mi alrededor estaban asustadas y su miedo se incrementaba en la medida que veían su celular.  Ahí, en sus pequeñas pantallas, estaba pasando todo. Nos evacuaron de la plaza y la cerraron, lo mismo hicieron los establecimientos vecinos, como en un efecto de “perro de rancho” (que no sabe por qué ladra, sino que sigue al de al lado que lo hizo primero). Al grito de “ahí vienen ya” todos se atrincheraban. Fue como lo que hizo Orson Welles con la guerra de los mundos en los Estados Unidos en 1939.

Otro aspecto vinculado con el dato del tamaño de los saqueos es el nivel de fragilidad que tiene el orden social en nuestra sociedad hoy: basta un chispazo para que todo arda. Así es: los miles de personas que tomaron parte en los saqueos pertenecen a zonas muy populosas, precarias, con alta inseguridad, con hacinamiento y falta de servicios. Mucho se comentó en los días siguientes a los hechos que hubo grupos que organizaron los saqueos. Puede haber elementos para probar que algunos de los casos sí corrieron a cargo de algún líder vecinal o de sector de alguna agrupación política que llevó a su gente a saquear; pero es un hecho que muchas más personas participaron “espontáneamente” y lo hicieron por un simple motivo: se podía, no había patrullas, policías o algún obstáculo que se los impidiera. Así de frágil es la barrera que los contiene día a día.

Y un tercer aspecto es el que tiene que ver con lo que pudiera estar motivando a la gente a tomar parte en el saqueo. Es claro que ir y vaciar un Wall-Mart o un Coppel no era una acción que tuviera impacto directo en la supuesta causante la molestia: el alza en la gasolina. Durante los actos vandálicos no hay registro de consignas políticas o señalamientos contra la SHCP por incrementar los impuestos al combustible. Vaya el supuesto hartazgo y encono de la gente no se volcó sobre la sede de algún partido político o institución gubernamental. Los saqueos no fueron actos políticos de protesta, sino arranques de desquite. “Una de cal por las que van de arena”. “Si todo el tiempo somos los que perdemos, hoy nos tocó ganar”, ya sea una pantalla, un horno, una consola de videojuego o lo que se pudiera.

La ANTAD advirtió que, si en el mes de febrero se consuma el nuevo aumento a la gasolina que ya se ha anunciado, sus tiendas afiliadas están valorando no abrir para prevenir los saqueos. Me queda claro que la gasolina seguirá subiendo, el poder adquisitivo de la gente cayendo, la inflación galopante y la desorganización política reinando, así que la única válvula de escape que queda es este tipo de actos y quizá los volvamos a ver.

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