A una semana de que estallara el escándalo por el sacrificio de miles de perros durante su gestión como alcaldesa, la senadora Mariela Gutiérrez Escalante desapareció del espacio público. No hay eventos, no hay posicionamientos, no hay actividad en redes.
Su última aparición pública data del 14 de abril, en un video difundido desde el Senado. Desde entonces, nada. La ausencia no es menor: tampoco acudió a actos políticos relevantes, como el encabezado por el senador Higinio Martínez Miranda, ni al Congreso de Mexiquenses de Corazón, agrupación de la que forma parte y donde suele tener un papel protagónico. Cuando alguien deja de ir a sus propios espacios, no es agenda: es repliegue.
El origen de la crisis está documentado. Durante su administración municipal (2019–2024), se confirmó el sacrificio de más de diez mil perros callejeros. La práctica se realizó bajo normas vigentes, y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sostuvo que no hubo ilegalidad. Pero en política, la legalidad no cancela el costo.

El tema escaló por la vía más sensible: la percepción. Activistas, opinión pública y sectores afines a la narrativa de la 4T colocaron el caso en el terreno de lo inhumano, en abierta contradicción con el discurso de protección a los “seres sintientes”. Ahí se abrió la grieta.
La propia senadora reconoció los hechos y denunció amenazas tras la filtración de sus datos personales. Su declaración —“si algo me pasa, vamos a ir contra los animalistas”— no contuvo la crisis: la amplificó y la llevó a un terreno de confrontación directa.
A ese frente se suma ahora el institucional. La Fiscalía abrió una carpeta de investigación para determinar posibles responsabilidades en la política de control animal durante su administración. El caso dejó de ser solo mediático: entró al circuito formal del poder.

Desde entonces, el silencio… o mejor dicho, la desaparición.
Las preguntas se acumulan. Si no hubo ilegalidad, ¿por qué desaparecer? Si la decisión fue técnica, ¿por qué no defenderla? Si el daño es político, ¿quién lo está conteniendo? En estructuras como Morena, donde el mensaje se administra, el silencio rara vez es improvisado.
El momento tampoco ayuda. La disputa por posiciones rumbo a 2027 ya está en marcha, aunque nadie lo reconozca en público. En ese tablero, los errores pesan… pero las ausencias pesan más. No acudir a espacios propios, donde antes era figura central, es una señal que en política se lee rápido.Hasta ahora, la gobernadora Delfina Gómez Álvarez no ha fijado postura pública. Mientras tanto, la presión crece y el caso se instala donde más cuesta revertirlo: en la percepción.


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