¿Cuándo fue la última vez que le serviste la comida a tu hija o a tu esposa? En el caso del señor José Luis Castillo, originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, refiere que con su esposa lo hace constantemente, sin embargo, con su hija no puede hacerlo desde que desapareció en 2009.
Catorce años pasaron de aquel día 19 de mayo cuando Esmeralda Castillo Rincón esperaba el autobús de camino a su escuela secundaria 78, en el centro de la ciudad. Luego no se le volvió a localizar, ni hasta la fecha.
Catorce años tenía entonces, misma cantidad de tiempo en que su padre José Luis ha hecho incontables esfuerzos para encontrarla. Entereza que también vio reflejada en miles de familias en México que pasan por esa situación.
Al igual que los feminicidios, las cifras de desapariciones se cuentan por millares en cada estado de la República Mexicana.
De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), de la Secretaría de Gobernación, hasta diciembre de 2022, en el país había 109 mil 171 personas desaparecidas, de las cuales el 25 por ciento son mujeres.
Además, la Subsecretaría de Derechos Humanos, Población y Migración estima que por día ocurre la desaparición de nueve mujeres.
La desaparición de Esmeralda Castillo ocurrió en un peor momento, donde la violencia en México era azotada por un combate frontal y violento al crimen organizado.
Por ello José Luis Castillo tuvo que sortear con ingenio y determinación diferentes trabas. incluyendo vigilancia encubierta en bares de la frontera y enfrentamientos con las autoridades que resultaron en su encarcelamiento en 2012. Ese mismo año, la familia confirmó que la joven había sido víctima de trata de personas.
En 2013, se descubrieron restos humanos en el arroyo del Navajo, considerado un cementerio clandestino de mujeres en Ciudad Juárez, pero fue hasta dos años después cuando las autoridades le entregaron el fragmento de tibia que supuestamente pertenecía a Esmeralda Castillo.
A pesar de todo, su padre continúa recordándola cada 28 de enero en su cumpleaños; cada 19 de mayo cuando fue vista por última vez; cada 8 de marzo en el Día Internacional de la Mujer; en cada que un funcionario federal visita su ciudad; en general en cada marcha, protesta, o evento público José Luis lleva el mensaje de “No me olviden, falto yo”, en representación de su hija Esmeralda.
El señor José Luis Castillo también actúa contra todo pronóstico. En febrero de 2022 la fiscal Especializada en Delitos Contra la Mujer de Chihuahua, Diana Esther Morales Rincón, les condicionó información del caso a que firmaran documentos donde aceptaban el deceso de su hija.
“Es obvio que Esmeralda está muerta”, les dijo a los padres. En diciembre de ese mismo año renunció a su cargo.
Al igual que con víctimas de feminicidio, José Luis Castillo ha encontrado entre los familiares de las víctimas de desaparición forzada ejemplos de resiliencia y lucha, que luchan por el derecho a la verdad y a la justicia.
Teniendo como armadura una lona con el rostro de Esmeralda, José Luis Castillo se cubre el torso con ella para salir a marchar, para dar pláticas o para asistir con funcionarios.
“Lo que nos daría un poco de tranquilidad y confianza en las autoridades es que nos enseñen las cuestiones que están haciendo para buscar a nuestra Esmeralda y a cientos y cientos de jóvenes desaparecidas tanto mujeres como hombres”, declara en entrevista con AD Noticias.
La añoranza de un dibujo
José Luis Castillo actualmente tiene 62 años y tras más de una década de lucha su cuerpo comienza a tener estragos por recorrer diferentes entidades de la República calles y plazas para buscar a su hija.
“Pero es que ni siquiera agarramos nosotros la fuerza. Nosotros le pedimos y al que le rogamos esa es nuestro padre dios, para seguir en la lucha para seguir buscando”, declara.
Si bien, la fuerza de voluntad pareciera inagotable, José Luis Castillo asegura que los recursos para financiar su lucha sí son escasos. Señala que tanto a él como a otros padres les gustaría colocar espectaculares con la imagen de sus hijos, pero en ocasiones solo les alcanza para pegar hojas de pesquisa en las calles de Ciudad Juárez.
Tal como hicieron el Día del Padre de este año, pues al igual que las madres José Luis afirma que ellos no tienen nada que festejar cada tercer domingo de junio. En dado caso, el único regalo que les gustaría recibir sería el encontrar a sus hijos e hijas desaparecidas.
“Lo que más añoro de mi hija es su alegría, su entusiasmo, el extrañarla aquí en la casa, el que ande corriendo de un lado para otro, que me diga papá vámonos por la nieve, papá vamos al parque, el que me esté pintando las uñas, que me esté haciendo peinados, son cosas que se guardan muy adentro de uno pero que las extraña”, comparte.
José Luis Castillo recuerda aquellos dibujos que Esmeralda le hacía como obsequios, “era un dibujo en una hoja, era algo bien sencillo que ahora lo añoramos”.
Por eso no borra aquellos trazos con su nombre que Esmeralda Castillo hizo con esmalte en una de las puertas de su casa. Su padre, arregla o remodela cada habitación pero esa puerta a modo de lienzo permanece intacta, como el cariño de él hacia ella, como la firmeza del señor José Luis por encontrar a su hija.
“Esa puerta no la pinto porque nada más de mirar las letras de ella me da la fuerza y me da la fortaleza para seguir adelante y confiando en nuestro padre dios, al igual que muchos hermanos míos de dolor que nuestra única esperanza es dios”, describe.
Por eso vamos a todas las marchas
José Luis Castillo entiende que el costo por exigir justicia en México es alto. Luego de 14 años de exigir resultados a las autoridades, señala que ha perdido confianza en los tres niveles de gobierno, pero recobra el aliento cuando observa que en todo el país las personas se manifiestan y exigen a sus gobernantes.
“Aunque nosotros no tengamos confianza en las autoridades, tenemos que sentarnos con ellos, porque es lo que hay y yo no puedo recurrir a otra estancia sin haber agotado estás instancias del país en el cual nací”, asevera.
En este sentido, José Luis considera que la ineficiencia de las autoridades en las investigaciones es la razón principal por la que existen protestas y manifestaciones.
“Nos hemos dado cuenta que gracias a todas las activistas y colectivos de todo el país, se ha mantenido vivo el caso y es la manera de hacer presión hacia las autoridades para que hagan el trabajo por el cual, el pueblo les está pagando.
“Por eso es que estamos en todas las marchas y estamos en la exigencia de justicia para nuestra esmeralda y para todas las jóvenes desaparecidas”, expresa.
Y el señor José Luis Castillo nota una modificación en la conducta social. Sabe que los logros y avances en cada caso son colectivos, empezando por su familia, todos los miembros participan en la lucha y ayudan a otras víctimas.
Llevan pláticas de prevención a escuelas, orientan a personas con algún familiar desaparecido, o dan palabras de aliento a quien encuentra restos de alguna víctima.
“Este este mérito es de la familia Castillo Rincón qué perfectos no somos, pero tratamos de ser un poquito mejor que ayer apegándonos a la palabra de dios”, comenta.
Las desaparecidas también tiene papá
José Luis Castillo asegura sentir impotencia de no haber encontrado aún a su hija Esmeralda, pero cuando mujeres, niñas, niños y adultos se le acercan en las marchas se siente cobijado. Incluso los denominados bloques separatistas que participan en protestas feministas lo arropan e incluyen en sus demandas; él sólo agradece que levanten la voz por su hija.
Con dicha unión entre ciudadanos que exigen, de alguna manera el padre de Esmeralda comprende que su desaparición no fue en vano, como tampoco lo ha sido cada una de las víctimas de violencia de género en el país.
Sin embargo, José Luis Castillo confiesa su más grande miedo, el morir sin haber encontrado a su hija Esmeralda. Pero con sabiduría concede que si ese escenario llegara a ocurrir está la certeza de que miles de hombres y mujeres continuarían con su lucha, con el eco de “no me olviden, falto yo”.
“Uno de mis miedos es que mi vida termine y no mirar a mi hija en este mundo. ese es uno de mis miedos. Sin embargo este a gusto cuando las muchachas se acercan conmigo y me arropan y me abrazan y se me ruedan las lágrimas”, declara.
José Luis Castillo quiere difundir el mensaje de que los y las desaparecidas también tienen un padre que los busca “y también el papá llora y también el papá sufre”.
El padre de Esmeralda Castillo Rincón acepta que en los años por buscar a su hija, además de los retos externos también tuvo que librar una lucha interna, en cuestión de romper con las ideas sobre lo que significa ser hombre en una sociedad como la mexicana.
“Al principio batallé mucho con eso, sobre entender que nada más soy un ser humano con sentimientos que siente y que sufre, por eso ya no me da pena llorar delante de todos mis hermanos y mis hermanas que me acompañan en la lucha”, comparte.


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