“Nunca le dije te quiero”, la historia de Miguel, padre de Ameyali, víctima de feminicidio en Santiago Tianguistenco

Miguel cumplía con su rol de ser padre. Trabajaba en la construcción, llevaba el sustento a su familia, veía a su esposa Isabel.
junio 19, 2023

¿Cómo te gusta pasar el fin de semana con tus hijos? Algunos prefieren salir, otros quedarse en casa y hacer actividades, para muchos no resulta especial. 

En el caso de Miguel Alvarado los fines de semana eran los días cuando más convivía con su hija Itzel Ameyali Alvarado Galindo de 17 años.

Desde el sábado por la mañana juntos ya planeaban lo que harían el resto del día. Ambos trabajaban, él como albañil y ella vendiendo ropa, atendiendo comercios o haciendo el servicio de alguna casa en la zona de la comunidad de Santiago Tilapa, en el municipio de Tianguistenco, Estado de México, donde la familia radica.

Los sábados eran los días de paga, por lo que padre e hija hacían planes de en qué gastarían su dinero, en cada una de las ideas se incluía el uno al otro. Ya sea que Miguel escogiera algún lugar de comida para ir con su esposa y sus cinco hijos, o que Ameyali comprara alimentos para todos. 

Miguel cumplía con su rol de ser padre. Trabajaba en la construcción, llevaba el sustento a su familia, veía a su esposa Isabel y a sus hijos, salía con amigos, convivía con su familia.

Como cualquier padre estaba lleno de sueños y proyectos para su única hija, la consentida confiesa. Quería que tuviera una fiesta cuando cumpliera 18 años, que regresara a la escuela, después que se casara y tuviera un nieto. Incluso, Miguel le confesaba que aunque no tuviera un matrimonio, le gustaría que tuviera un hijo. 

Pero mientras ocurrían esos anhelos, Miguel disfrutaba de su hija adolescente. Le gustaba verla bailar en diferentes espacios de su casa. Cantar y subirle el volumen a la música que le gustaba a Ameyali.

Miguel tenía conflictos con la forma de educarla. La regañaba, le gritaba, pero nunca la golpeó, mejor le daba todos los permisos que ella le pedía para salir.

Estaba orgulloso de su hija, era consiente de que quien se casara con Ameyali estaría con una gran persona, pues ella maduró muy pronto, incluso cuidaba de sus cuatro hermanos menores. Algún día la joven bromeó con él que se iría de su casa y se casaría, aunque solo lo dijo por jugar con su padre.

Miguel Alvarado también la molestaba. Por las mañanas la despertaba y apuraba en sus quehaceres. “Meyos”, le decía como apodo para incomodarla, aunque la joven no le molestaba. 

Ameyali o Ame como la conocían la mayor parte de las personas, era muy alegre o “muy fiestera” como la describen sus papás. Con 17 años había dejado los colores de infancia con los que le hacía dibujos a su papá, ahora se amarraba el cabello y delineaba los labios de rojo, para salir de fiesta y bailar hasta el cansancio.

Así salió el viernes 7 de abril de 2023 para presenciar las representaciones de la Semana Santa en su localidad Tilapa, esa misma tarde tenía que encontrarse con uno de sus hermanos en el municipio vecino de Xalatlaco, pero Ameyali nunca llegó. Alrededor de las cinco de la tarde de ese Viernes Santo su familia perdió contacto con ella.

Los colores luminosos que Ameyali Alvarado impregnaba a su hogar se fueron desvaneciendo. Tras su desaparición, Miguel y su familia comenzaron una campaña de búsqueda, acompañados de vecinos, amigos, conocidos y demás personas. 

Fichas de búsqueda, carteles, notas periodísticas, publicaciones en redes sociales fueron la constante para la familia Alvarado Galindo durante nueve días.

El domingo 16 de abril la sonrisa que Ameyali dibujaba en la cara de su padre Miguel se despedazó, cuando le informaron que una de las brigadas localizó el cuerpo de una mujer en el paraje conocido como la Ratonera, ubicado en la zona boscosa sobre la carretera hacia el Ajusco.

Habían encontrado a Ameyali asesinada y con signos de tortura. Las características no podían ser de nadie más, Miguel sabía bella a su hija, “no es por exagerar, pero tenía un cuerpo de modelo”, decía. 

Me la dejaron irreconocible”, declaraba su madre Isabel en el funeral realizado en su casa, donde un moño rosa anunciaba el luto, aunque no era necesario, pues el ataúd fue colocado en un patio frente a la casa. La foto de Ameyali, flores y un sombrero encima confirmaban que las búsquedas y movilizaciones no alcanzaron a mantenerla a salvo.

En aquellas horas donde un mariachi se combinaba con llantos para despedir a Ameyali, su padre Miguel no tenía palabras para describir lo que sentía. Dos meses después, aún no encuentra las frases correctas para expresarlo, aunque le sobra una, “te quiero”.

Una frase que, comparte, nunca le dijo expresamente a su hija de 17 años. Al crecer en un contexto tradicionalmente heteropatriarcal, Miguel concebía que el cariño de los padres se sobrentiende, que es mejor que lo sientan a pronunciarlo.  

Su escándalo de ella, su música, todo, se le extraña un resto, en lugar de que vaya sanando la herida, va agradándose más, porque se viene el quererla abrazar, el querer estar con ella, el querer darle lo que no le diste, el abrazo que tanto quieres ahorita se va, se esfuma”, declara Miguel Alvarado en entrevista con AD Noticias.

20 rosas en abril 

Como esos abrazos, los sueños de Miguel hacia su hija se esfumaron, como la oportunidad de verla cumplir la mayoría de edad, de saber que había retomado las clases, de estar con ella el día de su boda, o simplemente manifestarle que era su orgullo, como sí se los presumía a sus compañeros de trabajo, “desafortunadamente nunca se lo dije”, declara.

Ella era una motivación, pero desafortunadamente no se lo dices a tu hija y es feo no tenerla el Día del Padre, a final de cuentas tengo a mis otros hijos, pero ella era la única mujercita”, expresa. 

En esta conmemoración, los regalos no le importaban a Miguel Alvarado, hoy más que nunca solo extraña la presencia de Ameyali, de quien ahora solo ve en un cuadro que colgaron sus padres con cinco de sus fotos a un lado del altar familiar y en el tatuaje que se hizo en el antebrazo izquierdo después de su asesinato.

Miguel tenía incontables proyectos para su hija, pero Ameyali Alvarado Galindo de 17 años tenía algunos muy claros. Quería que su padre le regalara 20 rosas, tal como sonaba en la letra de una canción que le gustaba.

En todos los abriles te llevaré 20 rosas. / En tu cumpleaños te llevaré 20 rosas. / Al final y principios de año te llevaré 20 rosas”, es el coro de una canción de la agrupación Los Ángeles Azules, alguna de las que escuchaba alto Ameyali.

“¿Y mis rosas papá, cuándo?”, le decía la joven a su padre Miguel, quien va cambiando de a poco los sueños que tenía por recuerdos y promesas. Cada semana compra flores para ponerlas en la foto de Ameyali junto al altar. 

Se jura que cada año en abril le comprará 20 rosas, como le pedía su hija en vida, como dicta la canción que le gustaba. Porque a Ame la mataron en abril.

Pudiéndoselo dar en vida, pudiéndole dar todo, ahora solo tenemos su foto, quisiéramos verla y darle lo que pidiera ella, pero no se puede”, expresa.

Llegó el momento de cambiar las cosas

Miguel Alvarado relata que antes del asesinato de su hija Ameyali, veía los noticiarios y pensaba que los feminicidios solo ocurrían en las grandes ciudades como Toluca o la Ciudad de México, pero ahora le preocupa que como esta vez fue su niña consentida, mañana puede ser otra.

El feminicidio de Ameyali impactó a su familia tanto en sus perspectivas como en su forma de convivencia. Ambos padres, tanto Miguel como Isabel, revelan que viven con miedo, que el trauma sigue presente.

Se queda el miedo, nunca pensé que llegara hasta acá. Ahora que ya llega hasta acá el miedo que tienes a que tus hijos salgan, ni se imaginan, piensas –¿y si vuelve a pasar?–, incluso todas las noches tenemos miedo, llega la noche y a empezar a buscar a tus hijos”, declara Miguel.

Él como su esposa Isabel son ahora mucho más cuidadosos. Saben que tanto hombres como mujeres están expuestos a la violencia y a ser víctimas de la delincuencia.

A pesar de eso, aseguran que tienen confianza en las autoridades judiciales del Estado de México para que atiendan la investigación sobre el feminicidio de Ameyali.

No nos queda de otra sinceramente. Se ve que si están trabajando, no sé si se están atrasando porque llevan más casos, yo quisiera que diario vinieran a investigar, pero también entiendo que hay varios casos atrás”, asegura Miguel. 

Y no se equivoca, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a mayo, en el Estado de México, se iniciaron 42 carpetas de investigación por el delito de feminicidio.

También, el feminicidio de Itzel Ameyali Alvarado Galindo de 17 años, es uno de los 344 que ocurrió en todo México en los primeros cinco meses del año. Aunque, esta cifra solo corresponde a las muertes que las autoridades tipifican como feminicidio, además, hay alrededor de 900 mujeres más asesinadas en México. 

Es decir que alrededor de mil 200 mujeres en México fueron asesinadas en lo que va del 2023. Solo el 25 por ciento de los casos fue tipificado como feminicidio. El Estado de México ocupa el primer lugar en este delito y el segundo en homicidios dolosos, detrás de Guanajuato.

Cada una de las muertes de mujeres no solo deja huella en su núcleo más cercano, como familia y amigos, también conmociona al entorno donde ocurre. 

La madre de Ameyali, la señora Isabel, quien se dedica al comercio en una localidad vecina de Santiago Tilapa, asegura que hasta su negocio se acercan padres, madres y jóvenes de municipios de la región quienes externan su asombro y solidaridad por la muerte de su hija.

Somos de tal parte y nos dolió mucho. También nos comentan, las hijas que tenemos están mal por ver cómo sucedió todo”, declara Isabel Galindo.

Miguel e Isabel lejos de reprimirse, agradecen cada muestra de afecto y fraternidad para con ellos. La madre, incluso, comparte que cuando ve a un grupo de adolescentes mujeres le gustaría acercarse y contar la historia de su hija “para que tomen un poquito de conciencia, que lo que sucedió con Ame les sirva de experiencia y no se pongan en peligro ellas”.

Ambos padres, se dicen agradecidos con cada una de las personas que aun sin conocerlos se unieron a las brigadas de búsqueda de Ameyali. También agradecen a las jóvenes que inundaron las redes sociales con mensajes exigiendo justicia por Ame. 

No nos queda más que agradecerles porque se siente una hermandad que dices –esto nadie lo puede destruir– y si nos unimos más va a cambiar todo esto”, afirma Isabel.

Ame murió en fechas de celebraciones litúrgicas en una región donde las costumbres y tradiciones son un arraigo cultural profundo. Tradición y fe, son mensajes que se difunden en fechas de Semana Santa para promocionar los sitios.

«Entendí que había llegado el momento de cambiar las cosas«, era la frase que Ameyali tenía como portada de su perfil de Facebook, donde además de compartir sus gustos, publicaba fichas de búsqueda y mensajes de apoyo feminista.

De 2020 a la fecha son contadas las manifestaciones o protestas que han ocurrido en el municipio de Tianguistenco. Alexandra y Arleth son dos nombres de jóvenes que también generaron movilizaciones y protestas en la región, durante este periodo, al igual que el de Ameyali.

Su madre, la señora Isabel confía en que estos casos desencadenen una transformación en su comunidad.

Mientras tanto, la lucha de Miguel Alvarado, padre de Ame, es interna. Escucha rumores de la gente, pero atiende la recomendación de la fiscalía de no prestarles atención. 

Reflexiona sobre si la muerte de su hija fue un sacrificio para que él pudiera alcanzar un crecimiento individual. Quizá fue solo para unir más a su familia, pero está convencido que la muerte de su niña consentida, Ame, no va a ser en vano.

“Su muerte no va a ser en vano, no sé por qué dios hace las cosas, no sé si es como dicen las demás personas, –se murió tu hija para unir a tu familia, para que tú estuvieras bien, fue un sacrificio–.

“Yo le digo a Ame y se lo digo hasta donde esté que no va a ser en vano. Gracias por sacrificar su vida para darme cuenta en qué estaba yo mal, en que le estaba yo faltando a su mamá y hermanos. 

La quiero, la amo, nunca la voy a olvidar, gracias por regalarme estos 17 años tan hermosos que estuve a su lado”, comparte.

Tras sentirse abandonado con el feminicidio de Ameyai, Miguel se ha comprometido con hacer las cosas distintas con sus otros cuatro hijos, Manuel, Aldo, Miguel y Gael.   

“Le decía a mi esposa que iba a cambiar la perspectiva, a consentirlos, a llamarles más la atención, no pegándoles. En esta vida ya no se sabe cómo educarlos, porque les pegas malo, no les pegas malo.

Estoy llevando otro tipo de formas para acercarme más a ellos, porque se siente la culpa sobre mi hija, si le hubiera llamado más la atención no hubiera pasado esto, entonces estoy tratándolo de hacer con mis hijos”, asegura Miguel Alvarado.

Confianza es la primera palabra que busca. Luego ir recuperando todas aquellas que le permitan expresar lo que a su única hija Ame no pudo decirle. De momento platica más con sus hijos, es más abierto con ellos y también comienza a recibir la misma respuesta de su parte.

Los ando abrazando, pero no he tenido la capacidad, la confianza de decirles, –te quiero–, no se los he dicho. Sí lo sientes, a final de cuentas que lo sientan ellos, y yo he visto a mi hijo Aldo que ya se va sintiendo con más confianza”, externa.

Itzel Ameyali era la alegría de su casa, aseguran sus padres, cualquier oportunidad que tenía la aprovechaba para festejar y siempre dibujó alegría en los lugares donde estuvo. En su cuarto, ni Miguel ni Isabel han modificado sus pertenencias.

Sus zapatos, su ropa, su maquillaje y el labial con el que pintaba sus labios de rojo están en el mismo sitio, como si estuvieran esperando su regreso. 

Las amigas de Ame le compartieron a sus padres recientemente un video de la última vez que ella fue a la playa y como lo hacía en su casa, con la canción de 20 rosas de los Ángeles Azules o en su trabajo, o en cualquier sitio, ella baila “como si supiera ya no iba a haber más días para volverlo a hacer”.

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