Ocho mil millones

Ocho mil millones
Es sencillo: si crecen los invitados, pero el pastel sigue siendo del mismo tamaño, nos van a tocar rebanadas más pequeñas o hasta migajas

La semana pasada la humanidad llegó a la cifra simbólica de 8 mil millones de habitantes sobre la faz de la Tierra. Estamos hablando de las personas actualmente vivas y es la cifra más grande en los casi 200 mil años que han transcurrido desde que los primeros Homo sapiens modernos empezaron a deambular por el mundo. Es, sin duda, la especie dominante y, por ello, la principal responsable del rumbo que tiene el planeta.

Pero, haber llegado a este hito demográfico es solo una escala en la ruta ascendente que muestra todavía la población. Según las proyecciones de la ONU, el número de habitantes del planeta podría llegar alrededor de 8,500 millones en 2030 y 9,700 millones en 2050. Y, de acuerdo a esas mismas estimaciones, la India superará muy pronto a China como el país con la población más grande en el mundo. De hecho, la ruta ascendente se mantendría otros 50-60 años más, hasta llegar a una población global de 10,500 millones de personas que se mantendría hasta finales del presente siglo.

¿Aguanta el planeta 8 mil millones de habitantes?

Muy difícilmente, sobre todo porque el crecimiento poblacional se da en condiciones de desigualdad estructural. De esos 8 mil millones, ¿cuántos tienen garantizadas las oportunidades mínimas de acceso a alimentos, agua, salud, educación, vida digna? En definitiva, no todos. Hay una cantidad muy importante de cientos de millones de seres humanos en pobreza extrema, en absoluta incertidumbre sobre lo que van a comer mañana o dónde van a vivir. 

Si las condiciones se mantienen estables, la población seguirá creciendo hasta el año 2050, básicamente en Asia y África. Será en varios países de dichos continentes en donde se concentre esa masa de casi 1,700 millones de nuevos habitantes que se espera nos lleven a 9,700 millones en el año 2050. Ahora, esos nuevos nacimientos estarán acompañando a un proceso de paulatino envejecimiento de quienes ya vivimos hoy en la Tierra. De este modo, para el mismo año 2050 más o menos 16% del total de todos los seres humanos será mayor de 65 años. Será mayor ese sector de la tercera edad que los niños de entre 0 y 5 años. Y serán una proporción similar a la de niños menores de 12 años.

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Esta población, que en su mayoría no será económicamente activa, tendrá que contar con la población joven para recibir manutención y cuidados. Igualmente, este va a ser un tema global, porque estas tendencias aplican para todo el mundo. De manera independiente, cada país y región tendrá que buscar la manera de gestionar sus dinámicas internas que, cada vez en mayor medida, también estarán impregnadas por los flujos migratorios.

De un tiempo a la fecha no es ya un secreto identificar grandes masas de migrantes, sobre todo con rumbo al norte, no solo en América sino también en Europa. Esto implica grandes retos respecto a dónde y bajo qué condiciones  “colocar” a millones de personas en nuevos sitios para vivir. Mucha de la gente que migra lo hace porque en sus lugares de origen no encuentran condiciones favorables para la vida. Llegan a sitios en donde asumen que pueden encontrarlas, pero su presencia dificulta (para ellos y para los que son la “población receptora”) precisamente el gestionar la vida en las mejores condiciones.

Elementos básicos como el agua y la alimentación son un problema que se amplifica con el crecimiento poblacional. El haber llegado a los ocho mil millones de habitantes no es solo un dato anecdótico y estadístico, es un paquete de problemas que necesitan gestión inteligente y justa. Es sencillo: si crecen los invitados, pero el pastel sigue siendo del mismo tamaño, nos van a tocar rebanadas más pequeñas o hasta migajas.

Un mundo más chiquito

Un problema muy importante también es que esos 8 mil millones de personas que hoy cohabitamos el planeta somos muy diversos. No pensamos igual, no vemos la vida de la misma manera, no nos mueven las mismas creencias. Es, pues, cada vez más complejo el tema de la convivencia. Cuando el espacio se achica, porque llegan más y más, el contacto es más frecuente y directo, pero no siempre nos anima la empatía, la solidaridad, la justicia. Convivir con los demás nos desafía día a día. 

Las políticas públicas, las leyes, las instituciones tienen que irse ajustando cada vez más para dar cauce a las agendas que se derivan de un incremento poblacional sostenido. Mientras más pronto nos demos cuenta de las dimensiones del desafío es mejor. Si el modelo no se ajusta para bajarle a la contaminación, a la desigualdad, a la intolerancia, a la concentración de la riqueza, a la exclusión, al racismo y a la violencia. El mundo se va a seguir haciendo más chiquito para todos.