■ Luzma: menos cargo, más política
■ Con la familia, no
■ El huérfano por parricidio
■ Verde y naranja para 2029
■ Nada es para siempre
Nada es para siempre
La alianza de Morena, PT y Verde está llegando al final de su ciclo. Las elecciones de 2027 serán la última gran prueba de una sociedad construida sobre la acumulación de fuerza electoral, no sobre una identidad ideológica o programática. Esa es la naturaleza de las coaliciones en México: sumar votos, conquistar posiciones y repartir poder. El pragmatismo se impone a las convicciones… si es que las tienen. Morena ya no tiene las mismas necesidades que cuando buscaba convertirse en mayoría; el Verde y el PT tampoco están dispuestos a renunciar indefinidamente a sus propias ambiciones. Cada uno hace sus cuentas y entiende que la utilidad de permanecer juntos no es eterna. La disputa no es filosófica, sino aritmética. La alianza se sostiene mientras la suma ofrece más que las partes por separado. Después, cada quien buscará dónde obtiene mayores beneficios. Caminan hacia 2027 pensando en 2029 y, por supuesto, en 2030.
Verde y naranja para 2029
Todo camina hacia una alianza del Verde y Movimiento Ciudadano para disputar a Morena la gubernatura del Estado de México en 2029. Los intereses comienzan a encontrarse, las estructuras se reacomodan y los cuadros del viejo priismo encuentran acomodo en ambas organizaciones. La gran incógnita está en la candidatura: Jorge Álvarez Máynez o José Alberto Couttolenc. Ahí estará la negociación mayor. El PRI y el PAN, entretanto, enfrentan el desgaste de sus marcas y la pérdida de cuadros que durante años sostuvieron su presencia territorial. La recomposición del sistema de partidos mexiquense pasa por una paradoja: el priismo encuentra nuevas formas de sobrevivir fuera del PRI. El 2027 será el primer gran ensayo de esta reorganización. La mirada, sin embargo, está puesta en 2029. Cambian los colores, se redistribuyen las lealtades y muchos de los protagonistas siguen siendo los mismos.
El huérfano por parricidio
El PT mexiquense quiere emanciparse de Morena, pero no tiene con qué mantenerse solo. Su fuerza electoral propia es escasa y el 3% necesario para conservar el registro local representa un desafío. Reginaldo Sandoval está llevando las diferencias con Morena hasta el extremo de poner en riesgo la sociedad que sostiene buena parte de las posiciones políticas de su partido. Le está cortando las piernas al enano. Una cosa es exigir candidaturas desde la comodidad de una coalición y otra salir a conseguir los votos por cuenta propia. El PT tiene su lugar más seguro junto al árbol que le da sombra: Morena. Fuera de ahí, su alternativa sería buscar cobijo en otra parte, incluso en el PRI. Hay huérfanos por desgracia y huérfanos por parricidio.
Con la familia, no
Fernando Flores representa al lumpen de la política y del empresariado. Sus negocios, su gobierno y su manera de ejercer el poder dan materia de sobra para cuestionarlo. Pero la campaña desatada en redes sociales, con videos que pretenden exhibir una supuesta relación sentimental con una colaboradora de su gobierno, es una bajeza. No se trata de defender al alcalde de Metepec, mucho menos de absolverlo de sus responsabilidades. Se trata de algo elemental: su esposa, su hija y la propia funcionaria señalada no tienen por qué ser sometidas al escarnio público. La intimidad de las personas no es mercancía para el entretenimiento político. Si hay irregularidades en el ejercicio del poder, que se investiguen y documenten. Lo demás es descender al estercolero de la política. A Fernando, todo el escrutinio que merezca su conducta pública; a su familia y a la funcionaria, el respeto que merece su vida privada.
Luzma: menos cargo, más política
La salida de Luzma Hernández de la presidencia estatal de Morena tiene más de trámite administrativo que de acontecimiento político. Su ausencia será prácticamente imperceptible en la conducción del partido. Durante su gestión nunca tuvo el control de las grandes decisiones, concentradas en la dirigencia nacional y los principales operadores políticos mexiquenses. La paradoja es que Luzma adquiere mayor relevancia como aspirante a la alcaldía de Ecatepec que como presidenta de Morena en todo el Estado de México. Ahí entra en una disputa con dos mujeres de peso propio: Azucena Cisneros, alcaldesa en funciones, y Zaira Cedillo, diputada local. Con cualquiera de las tres, Morena ganaría. La diferencia está en los adversarios que cada una ha acumulado. Azucena tiene en el exalcalde y diputado federal Fernando Vilchis uno de sus principales obstáculos políticos. Luzma deja una presidencia desde la que administraba decisiones ajenas para entrar en una contienda donde las rivalidades personales y las estructuras territoriales tendrán mucho más peso.


Síguenos