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Piden mujeres reabrir feminicidios archivados en Edoméx

María Marina y Nadia Alejandra Muciño murieron asesinadas por sus cónyuges, la primera el 29 de junio del 2010 y la otra el 12 de febrero de 2004, sin embargo las autoridades afirmaron que se suicidaron, dictamen que no convenció a nadie. Ambas son mexiquenses y sus casos se cuentan entre los 922 considerados como feminicidios. Las madres de las muertas tienen pruebas de que miente con tal de encubrir a los verdaderos culpables. En el 2004 el procurador mexiquense era Alfonso Navarrete Prida, hoy secretario federal del Trabajo y a quien se ha mencionado como posible sucesor del actual gobernador, Eruviel Ávila. El otro procurador era Alfredo Castillo Cervantes, nombrado ahora comisionado especial para Michoacán, en el 2010 le tocó resolver el caso de la niña Paulette Gebara, a quien declaró perdida y asfixiada en el colchón de su cama.

Ahora las madres de las víctimas exigen reabrir las investigaciones, apoyadas por organizaciones civiles, y consideran que sus propios casos son apenas una muestra de lo que ocurre en el Estado de México cuando una mujer muere a manos de su cónyuge; en ambas situaciones la PGJ trató de convencer a las madres de que sus hijas se suicidaron, pese a testimonios y pruebas de que habían sido asesinadas en sus domicilios.

“En Chimalhuacán las mujeres mueren a manos de sus parejas, que son policías municipales, estatales, ministeriales o comandantes protegidos por la PGJ, por sus compañeros y las mismas autoridades, que no hacen investigaciones serias, imparciales. Cuando denunciamos nos ponen trabas y en algunos casos hasta tenemos que convertirnos en detectives”, expresó Irinea Buendía, madre de María Marina.

El 29 de julio de 2010 recibió una llamada de su yerno, Julio César Hernández Medina para informarle que había encontrado a María Marina Buendía muerta en su casa.

– Me trasladé de inmediato a su domicilio y me percaté de que el lugar estaba desprotegido, pese a que mi yerno es policía ministerial y sabía las medidas que deberían seguirse, como llamar a una patrulla, pero no lo hizo.

Lo primero que recuerda es el cuerpo de su hija sobre la cama, totalmente limpio, parecía recién bañada pero con golpes por todos lados. “Ya estaba rígida, tenía el cabello seco y revuelto pero las palmas de sus pies y manos tenían las huellas típicas de permanecer mucho tiempo en el agua. Ella estaba limpia totalmente, descalza, algo que no era normal porque estaban construyendo y en su casa había polvo y mugre en el piso”.

En la recámara donde fue hallada María estaban una bolsa con papeles y sus maletas, que hacía pensar que se iría, detalla la madre.

– Ya me había dicho que vivía violencia. Ese día encontré dos toallas húmedas, celular, cuchillos en el baño, botellas de esmalte tiradas pero no había botes de basura en toda la casa. Este hecho en particular nunca se registró en la averiguación previa, a pesar de que yo lo denuncié, pero todo fue ignorado por las autoridades”.

El entonces procurador de Justicia del Estado de México, Alfredo Cervantes Castillo, jamás recibió a la señora Buendía, quien señalaba a su yerno como ejecutor de su hija y advertía que él contaba con los conocimientos suficientes sobre los procedimientos en caso de una muerte. Castillo no movió un solo dedo.

Hoy el caso radica en la Fiscalía de Asuntos Especializada a pesar de contar con un amparo otorgado por el juez quinto de Distrito, la ministerio público Sandra Karen Orihuela Guzmán, y el fiscal de Asuntos Especiales en Toluca, Óscar Ortega no quieren hacer las investigaciones, que están mal de origen. “Están empeñados en hacerme creer que mi hija se suicidó cuando yo vi su cuerpo con signos de violencia”. El caso, de cualquier forma, ya es analizado por la Suprema Corte de Justicia.

Nadia, “una mujer sucia”

El 12 de febrero de 2004 en Cuautitlán Izcalli, Nadia Alejandra fue asesinada por su esposo Bernardo y su cuñado, Isidro López Gutiérrez; sus hijos de 5, 4 y 2 años de edad fueron testigos presenciales.

Antonia Márquez, su madre y quien lleva 10 años buscando justicia, narra que durante la investigación se cometieron irregularidades, como abandonar en el domicilio la soga con la cual fue ahorcada, no se tomaron muestras de sangre que salpicaban el lavadero del baño y aunque se observó el desorden de la casa, los peritos determinaron que “Nadia era una mujer sucia”.

Michel Azel Sánchez, perito en criminalística, determinó que Nadia fue ahorcada con diferentes tipos de materiales, una cuerda y un cable, pero aún así dijo que fue un suicidio. Este funcionario fue el mismo que determinó que la niña Paulette Gebara murió asfixiada, pero cuando investigaba sobre Nadia ni siquiera se había recibido. Su título profesional lo consiguió en octubre de 2008, cuatro años después de declarar que “mi hija se mató”.

“Mis nietos declararon ante el Ministerio Público que su padre y tío mataron a su mamá, por lo cual en octubre de 2004 lo sentencian a 42 años de prisión, pero apela y los magistrados de la Primera Sala desechan los testimonios de los niños afirmando que estaban fantaseando, que no distinguían la realidad, por lo cual lo exoneran. Aparte de perder a nuestras hijas nos convertimos en víctimas de un sistema corrupto, pedimos respeto, una vida libre de violencia, porque como este caso hay 900 iguales, por lo que hago un llamado a las madres de las víctimas a organizar un frente común y exigimos justicia”, reclama Márquez.