El poder fragmentado de Delfina Gómez
Faltan unas semanas para que transcurra el primer cuarto del gobierno de Delfina Gómez, y su equipo aún no logra cohesionarse. Ha cambiado a los responsables de las finanzas y la seguridad —la cartera y el garrote—, pero sigue sin unificar a su primer círculo de colaboradores. Por el contrario, la fragmentación dentro de la clase gobernante es cada vez más evidente. Su carácter bonachón, lejos de ser una fortaleza, se ha convertido en su mayor debilidad.
El poder tras el poder: Trinidad Franco
En este contexto, la fuerza de carácter de Trinidad Franco la ha convertido en una de las funcionarias más dominantes del gabinete, al punto de ser temida por algunos de sus compañeros. La oficial mayor es, en los hechos, el alter ego de la gobernadora. Es Trini quien levanta la voz, quien golpea la mesa y quien impone las reglas. No es morenista, sino petista, y tiene el control de los sistemas de compras y pagos. Más aún, es quizá la persona con mayor influencia sobre Delfina Gómez.
Pero lo realmente interesante será saber quién influye en Trinidad Franco. ¿De dónde provienen sus decisiones políticas, técnicas y administrativas? Algunos en el gabinete no pueden evitar remontarse a sus orígenes en el PRI. La misma mano que la guio hacia el PT parece ser la que ahora la orienta. Basta con revisar un poco la historia política del estado para encontrar respuestas.
El cambio de juego tras los dos primeros años
Después de los dos primeros años de gobierno, todo cambia. Y la razón es simple: según la Constitución local, después de ese plazo, la ausencia permanente de la gobernadora no obligaría a convocar elecciones extraordinarias. En su lugar, el Congreso local podría designar a un sustituto, como ya ha ocurrido antes con Alfredo del Mazo González, Mario Ramón Beteta o Emilio Chuayffet. Así que a partir de septiembre, el escenario político podría ser completamente diferente.
El síndrome del ladrillo
El síndrome del ladrillito está golpeando con fuerza a algunos de los nuevos alcaldes de los municipios más grandes. No llevan ni dos meses en el cargo, pero ya están mareados por el poder. La arrogancia los ha vencido. No cabe duda de que el poder vuelve tontos a los listos… y locos a los tontos. Caras vemos, debilidades no sabemos.


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