La propuesta de Presupuesto del gobierno mexiquense para el 2021 contempla 400 millones para la compra de vacunas contra el coronavirus y nuevamente destinará 100 millones de pesos al Fondo para la Atención de Desastres y Siniestros Ambientales o Antropogénicos.
En el artículo 22 de la citada iniciativa, el Ejecutivo consideró necesario incluir las emergencias sanitarias, y de ser necesario, comprar vacunas para blindar a los mexiquenses de este virus que ya contagió a más de 100 mil habitantes en la entidad.
Estos 400 millones para la pandemia serían operados por el Instituto de Salud de la entidad para la compra de vacunas contra el Covid-19, como parte de las obligaciones contingentes que ocasiona la pandemia en suelo mexiquense.
Por tercer año consecutivo, para desastres vuelven a plantear 100 millones de pesos, y con ellos, enfrentar algún temblor, explosión de grandes magnitudes, inundaciones, nevadas o algún otro en una de las entidades consideradas como más riesgosas, por la actividad económica y fenómenos perturbadores que tiene.
Además, estiman que si hay remanentes, es decir, si sobra dinero del fondo, sea usado en la implementación total o parcial del Sistema de Alertas Tempranas y Emergencias del Estado de México que sigue pendiente desde 2019 y sin fecha formal para su conclusión.
Atrás quedó el 2018, fecha en la cual el fondo alcanzó la cifra más alta de presupuesto, de 500 millones de pesos, porque los dos años siguientes y ahora el 2021, sólo contemplan la quinta parte, con 100 millones de pesos.
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El fondo de desastres nació en el año 2010 con 75 millones de pesos, en 2011 se duplicó a 150 millones. Del 2012 al 2016 el presupuesto fue de 200 millones de pesos cada año, para 2017 llegó a 222 millones de pesos y ahora se mantiene en los 100 millones.
En 2018 se aumentó el recurso, luego de los sismos de 2017 que no pudieron ser atendidos con el fondo y que orillaron al gobierno estatal a solicitar deuda específica para atender los daños en edificios, sin que a la fecha se concluya la reconstrucción.
El fondo nuevamente sería operado por la Coordinación de Protección Civil de la entidad para atender las emergencias que se presenten durante el siguiente año, aclarando que si existe un remanente se debe destinar a la atención de la población afectada y a los daños causados a la infraestructura pública estatal por la ocurrencia de desastres y siniestros ambientales o antropogénicos.
Junto con la Ciudad de México, la entidad mexiquense es una de las de mayor riesgo en el país, por su número de habitantes, su actividad industrial y vías de comunicación. Tan solo como geológicos se cuentan los sismos, vulcanismos, deslaves y colapsos de suelos, agrietamientos, hundimientos y flujos de lodo.
En los hidrometeorológicos Protección Civil reconoce que pueden ocurrir ciclones, huracanes, inundaciones, vientos extraordinarios, nevadas, granizadas y temperaturas extremas; los químicos son: incendios, explosiones, derrames y fugas; los sanitarios: contaminación, epidemias y plagas; y los socio organizativos: marchas, huelgas, concentraciones masivas, accidentes y delitos.
La iniciativa de ley será revisada por los legisladores, quienes tienen hasta el 18 de diciembre para emitir el dictamen correspondiente y acordar si este tema queda igual o tiene algunos ajustes.
Riesgos mexiquenses
En la entidad vive el 13.5 por ciento de la población del país y de estos el 73 por ciento se concentra en 26 municipios, de los cuales 21 están en la Zona Metropolitana del Valle de México y cinco corresponden a la Zona Metropolitana del Valle de Toluca.
De acuerdo con el Atlas de Riesgos en la entidad existe una alta densidad poblacional y concentración industrial susceptible de provocar accidentes por el uso amplio y extendido de productos químicos y asentamientos irregulares con servicios básicos insuficientes y deficientes que hacen todo más complejo.
La mayor parte del territorio de la entidad está expuesto a la acción de fenómenos naturales de diferente índole, como deslizamientos de tierra, manifestaciones volcánicas, inundaciones, bajas temperaturas, heladas y nevadas.
En la entidad hay fenómenos perturbadores de origen natural o antropogénico que van desde los geológicos o geomorfológicos como son los sismos, el vulcanismo, deslaves y colapsos de suelos, agrietamientos y hundimientos, además de flujos de lodo, temperaturas extremas, granizadas, nevadas, vientos extraordinarios, inundaciones pluviales, hasta huracanes y ciclones.
En los de origen antropogénico están los químicos: los incendios forestales, industriales y domésticos; las explosiones, derrames y las fugas. Por otra parte se ubican los sanitarios por contaminación del suelo, agua y aire y las epidemias y plagas. En tercer lugar están los socio-organizativos por marchas y huelgas, concentraciones masivas, los accidentes terrestres y aéreos y los delitos.


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