■ Morena gobierna las ciudades más pobres
■ El PRI aún vive en el Edomex profundo
■ Delfina y los datos del cambio
■ Vargas y su cómodo país imaginario
■ Daniel Serrano y las encuestas incómodas
Morena gobierna las ciudades más pobres
Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Valle de Chalco, Chalco e Ixtapaluca, municipios que concentran el mayor número de personas pobres en el Estado de México, hoy están gobernados por Morena o por fuerzas aliadas. Allí vive el núcleo social y electoral más importante de la transformación mexiquense. Son ciudades donde millones de personas viven entre transporte agotador, informalidad, deuda y desgaste cotidiano. Gente que ya tuvo paciencia durante demasiados años y que votó esperando algo más que cambio de colores. Morena no puede darse el lujo de fallar allí. Un mal gobierno municipal en esos territorios puede convertirse en el caballo de Troya de la propia transformación. Porque en política, como en la vida, la esperanza frustrada suele ser mucho más peligrosa que el enojo viejo.
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El PRI aún vive en el Edomex profundo
Ixtapan del Oro, Donato Guerra, Zumpahuacán, San José del Rincón, Ixtlahuaca, Atlautla, San Felipe del Progreso, Luvianos, Villa de Allende y Morelos encabezan la lista de los municipios más pobres del Estado de México. Buena parte de esas regiones, sobre todo en el norte mazahua y el sur rural, todavía conservan estructuras políticas vinculadas al viejo PRI o a redes heredadas del antiguo régimen. Allí la pobreza tiene otro rostro: caminos destruidos, migración, cosechas pobres y comunidades enteras acostumbradas a sobrevivir más que a desarrollarse. El priismo logró mantenerse durante décadas porque construyó formas de control territorial donde gobierno, gestoría y dependencia terminaron mezclándose. En muchas de esas zonas la política no se entiende desde la ideología, sino desde quién ayuda, quién resuelve y quién aparece cuando hay problema. Morena ha avanzado, claro, pero todavía no desmonta completamente esa vieja estructura. En buena parte del Edomex profundo el cambio sigue sintiéndose más en el discurso que en la vida cotidiana.
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Delfina y los datos del cambio
Tres millones de personas menos en condición de pobreza no son propaganda ni percepción; son datos oficiales. Y los datos, cuando son sólidos, terminan pesando más que los prejuicios políticos. El nuevo régimen surgió precisamente del hartazgo social acumulado durante décadas de abandono, desigualdad y simulación. La gente votó por cambiar y, al menos en indicadores sociales, el cambio empieza a reflejarse. Delfina Gómez quizá no tenga el perfil estridente, mediático o espectacular de otros gobernadores, pero los números comienzan a darle algo más importante: legitimidad de resultados. El Estado de México venía de administraciones obsesionadas con la forma, la imagen y el control político; hoy empieza a aparecer una narrativa distinta, más cercana a bienestar social que a marketing gubernamental. Falta mucho, claro. Pero sería intelectualmente deshonesto negar que el Edomex tiene hoy una gobernadora mejor evaluada por los datos que muchos de sus antecesores por sus campañas publicitarias. Y eso, en política mexiquense, ya es una pequeña revolución.
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Vargas y su cómodo país imaginario
Con esa posición de porrista político de Maru Campos, Enrique Vargas deja cada vez más claro dónde decidió colocarse ideológicamente. El problema ya no es sólo el PAN; es esa tentación de cierta derecha mexicana de mirar al país desde la comodidad de las zonas blindadas, los fraccionamientos premium y las sobremesas donde la pobreza suele analizarse como estadística molesta y no como tragedia humana. Vargas parece sentirse más cómodo alineado a esa fachiza mexicana que sueña con un país ordenado… siempre y cuando los pobres permanezcan lejos de la vista. Debería darse una vuelta sin operativo, sin filtros y sin comitiva por Neza, Ecatepec, Chimalhuacán o Chalco. No podría. O peor aún: no le gustaría. Hay políticos que entienden la desigualdad porque la estudiaron; otros porque la vivieron. Y luego están quienes sólo la observan detrás del vidrio polarizado.
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Daniel Serrano y las encuestas incómodas
A más de uno le va a empezar a picar la conciencia… o la cartera. Daniel Serrano aparece como el alcalde mejor evaluado del Estado de México en la medición de MetaMetrics y deja detrás a varios personajes que llevaban años vendiéndose como políticamente inalcanzables. No es un dato menor. Serrano viene de la izquierda social y del trabajo territorial, no del molde clásico del político de club, sobremesa y espectacular. El mensaje político es interesante porque rompe parcialmente esa narrativa instalada durante años donde parecía que sólo desde ciertos municipios ricos podía construirse aprobación sostenida. Claro, también conviene revisar con seriedad el prestigio y consistencia metodológica de la empresa que levanta la encuesta, no vaya a pasar lo que con Massive Caller y otras casas que terminaron funcionando más como instrumentos de propaganda emocional que como fotografía real del ánimo social. Porque en el negocio de las encuestas mexiquenses a veces hay más imaginación que estadística.
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