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Triste día del maestro

El ataque fue demoledor, nadie lo esperaba, el día del maestro simple y sencillamente estuvo direccionado para destrozar la imagen magisterial ante la sociedad.

 

Ahora los empresarios hicieron responsable a los maestros de la existencia del registro de escuelas fantasmas,  de sobresueldos, de aviadores, de la suspensión de clases, de la mala administración educativa.

 

La corrupción magisterial recayó en el nombre de algunos docentes,  si bien como dijeron muchos, “al fin que no son del Estado”, “que luchen los federales”, entre otros, lo cierto es que el daño está hecho.

 

Las voces callaron, los que pagan sus notas o entrevistas guardaron silencio, ahora no hablaron a nombre del maestro, de su apostolado, del trabajo educativo, de la lucha por una sociedad mejor, que lastima, su silencio quedo en lo que el maestro no desea ser.

 

En el Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México (SUMAEM), sostenemos que tenemos derecho a reclamar el reconocimiento social por la relevancia de la labor docente que ejercemos, pero no por decreto sino con merecimientos, cumpliendo con nuestra responsabilidad profesional y social.

 

El maestro debe ser imagen de ejemplo y orgullo, y no motivo de vergüenza y escarnio para la gente, porque el maestro debe estar el frente de sus alumnos, marcando el camino a seguir, y nunca a la zaga.

 

El maestro debe ser promotor de la libertad y la dignidad, el cambio y la mejora social, no de la esclavitud y el servilismo, el estancamiento y la regresión. 

 

En el SUMAEM estamos rescatando la figura de ese maestro, ejemplo y orgullo de la comunidad, él que deja una huella indeleble en la forma al menos de un grato recuerdo para sus alumnos.

 

Estamos abriendo el acceso equitativo a las oportunidades en el terreno de la legalidad sin afectar a la sociedad, con la certeza de que con convicción y con tesón, a pesar de las deficiencias e insuficiencias en los mecanismos institucionales, la legalidad siempre acabará por prevalecer.

 

Apoyamos a todos los docentes, a los que aspiren a condiciones de vida y profesionales de calidad y con dignidad, sin servilismos forzados, sino con un ejercicio pleno de ese derecho fundamental para todos, la libertad.