Alexis Garay: el vecino que convierte el “deberían de” en “ya se hizo”

Alexis Garay ha comenzado a hacerse notar en Calimaya a través de acciones comunitarias, trabajo ciudadano y una visión enfocada en lo cotidiano.
mayo 6, 2026
Alexis Garay Calimaya Ciudadano

Es común escuchar la frase “deberían de arreglar eso”, ya sea que se trate de un bache, una luminaria o de un espacio olvidado. La mayoría dice esta frase y luego continúa con su día, mientras que otros se lo toman personal.

Alexis Garay es una de esas personas.

Su historia no comienza recién, él se ha ganado el reconocimiento de Calimaya con el paso de los años. Con 34 años, licenciado en Finanzas y Banca y con maestría en Dirección Financiera, ambas por la Escuela Bancaria y Comercial, es un ciudadano orgullosamente panista que se preocupa por el bienestar de su país y de su comunidad.

Sobresale su labor en la dinámica cotidiana, en los espacios que muchas veces pasan desapercibidos, pero que forman parte de la cotidianidad de los ciudadanos.

Donde otros ven detalles, él ve efectos

Hay una forma particular en la que interpreta lo cotidiano. Un bache no es solo una falla en la calle, sino una cadena de consecuencias: retraso a su destino, enojo, el desgaste.

“Un bache en la mañana se convierte en un enojo para todo el día.”

Bajo este punto de vista es desde dónde parte su acción ciudadana para con su comunidad: intervenciones en calles, acceso a servicios médicos a bajo costo, atención a necesidades inmediatas. No como hechos aislados, sino como una suma de esfuerzos que inciden directamente en la vida diaria.

Es un ciudadano con una disposición constante a intervenir donde se le necesita y se le permite. 

El valor de lo cotidiano

Hay una idea que atraviesa su forma de pensar y actuar: no todo lo que transforma un entorno debe ser extraordinario, a veces, las acciones más mundanas y desapercibidas son las que más impactan.

Barrer el frente de la casa, no tirar basura y colocarla en su lugar, atender a nuestras mascotas o ayudar a un animalito callejero, sumarse a una jornada… a veces estas acciones mínimas, por lo menos en apariencia, son aquellas que en retrospectiva acumulan un mayor valor.

De esta manera, el altruismo no se construye como un acto aislado, ni como algo que requiera de grandes recursos, sino de una práctica cotidiana y constante. Una forma de asumir responsabilidad sin necesidad de intermediarios, donde el beneficio no siempre es inmediato, pero sí compartido.

Más que discurso, se trata de hábitos.

La confianza que se construye día a día

En lugar de plantearse como una meta, la confianza que le tiene su comunidad nace como resultado de una trayectoria constante. La gente se le acerca, le propone e indaga por soluciones. No hay una estructura formal que lo delimite, sino que son diversas las maneras en la que la gente se le aproxima, ya sea cuando va saliendo de su casa que le hablen sus vecinos, por redes sociales o por mensaje.

Esta dinámica ha crecido de manera orgánica, de forma que se trata de un vínculo comunitario difícil de romper y generado a través de la cofianza y el tiempo.

Coordinar esfuerzos

Más que centralizar, su forma de operar consiste en articular esfuerzos. Las acciones se organizan a partir de la colaboración: alguien propone, otros se suman, y el trabajo se distribuye.

En ocasiones, la dinámica es directa: quien puede aporta materiales, quien puede participa con su tiempo. El resultado es una intervención concreta, pero también una forma de comunidad que se activa.

Ese tipo de liderazgo no se genera de manera explícita, sino que se sostiene a través de la continuidad.

Para gustos, colores

Tomar acción de manera pública, implica recibir atención pública. Señalar lo que no funciona y participar activamente no siempre es cómodo.

“Tengo acciones que serán juzgadas bien y también serán juzgadas mal.”

Pero su postura se mantiene: asumir las consecuencias al momento de actuar si es que algo no sale como se planeó y mantener el rumbo, aún cuando no exista consenso total. 

Remarca que no hay que generalizar, ni culpar a quines están en puestos con altas responsabilidades, pues hay veces en que la obligación rebasa a quienes se encuentran en estos cargos. Son estos momentos en los que la ciudadanía, en vez de señalar, debe tomar la iniciativa para cambiar y mejorar aquello que aqueja a su comunidad. Deben hacer, gobierno y ciudadanía, un trabajo conjunto para mejorar la calidad de vida de todas y todos.

Un espacio compartido

En un municipio en crecimiento, donde convergen distintas trayectorias, su visión apunta a la integración. No establece divisiones entre quienes han estado siempre y quienes se han sumado después, sino que plantea un espacio común.

La mejora del entorno, en ese sentido, no distingue perfiles: impacta a todos por igual.

Lo que permanece

Al final, lo que se percibe no es un discurso, sino una forma de actuar sostenida en el tiempo. Acciones concretas, repetidas, visibles.

En contextos donde muchas soluciones aún pasan por la iniciativa de los propios vecinos, hay perfiles que no requieren definirse de manera explícita. Se identifican por su presencia, por su participación constante y por la manera en la que otros recurren a ellos.

En Calimaya, ese reconocimiento no siempre se nombra. Pero se nota.

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