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Edomex 197 años: un recuento de los gobiernos mexiquenses

Hasta el momento, hay un Partido Revolucionario Institucional debilitado pero con un ejercicio de poder experimentado

El 2 de marzo de 1824 se reconoce como fecha oficial de la erección del Estado de México. En ese momento dejó de funcionar la diputación provincial y se instituyó la legislatura local y la gubernatura, Melchor Múzquiz fue el primer gobernador provisional designado, y en 1826 fue nombrado gobernador constitucional hasta 1827. Tras Múzquiz el cargo lo ejerció Lorenzo de Zavala, quien ejerció el mismo puesto en varias ocasiones: 1828 y 1832, fueron años de cambios constantes, en 1833 gobernó Félix María Aburto y, en 1834, Manuel Diez de Bonilla.

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Fueron varios nombres los que se sucedieron de 1835 hasta 1846 (Luis Madrid, Manuel Rincón, Mucio Barquera, Luis Gonzaga Chavarri, Francisco Ortiz Zárate, Mariano Paredes y Arrillaga, Valentin Canalizo, entre otros), cuando asumió la gubernatura Francisco M. de Olaguíbel, quien trasladó el poder de la Ciudad de México a Toluca.

En 1849 gobernó Mariano Riva Palacio, quien renunció en 1852, luego Plutarco González, quien se distinguió en la lucha contra Santa Anna en 1853, fue nombrado gobernador provisional en 1855 y luego en 1857. Felipe B. Berriozábal, gobernador a finales de 1857, tomó la ciudad de Toluca; diez años después, en 1867, la ciudad fue una vez más tomada por Riva Palacio, quien fue nombrado gobernador.

Eran tiempos convulsos y diversas figuras se posicionaron en la titularidad de la gubernatura, muchos en varias ocasiones como el caso de José Vicente Villada, quien se religió en tres ocasiones. En tiempos posteriores a la revolución fue Agustín Millán quien ejerció el cargo, después de que se estableciera la nueva Constitución de 1917.


Desde los años veinte, los gobiernos en el Estado de México han sido priistas. Desde esta entidad  se han proyectado figuras del Partido Revolucionario Institucional que han despuntado en el país y que, al mismo tiempo, se han visto envueltas en asuntos de corrupción y malos manejos.

La historia de un Estado de México del PRI en la gubernatura comenzó en 1925 con Carlos Riva Palacio, del entonces Partido Nacional Revolucionario; de ahí la historia guarda los nombres de Filiberto Gómez, de 1929 a 1933; de José Luis Solórzano, 1933 a 1935; de Eucario López, de 1935 a 1937 –años del reparto agrario en la entidad–; de Wenceslao Labra García, de 1937 a 1941 y de Alfredo Zárate Albarrán, quien murió asesinado.

Más tarde, de 1942 a 1945, gobernó Isidro Fabela Alfaro –considerado el creador del grupo Atlacomulco, precisamente por ser el lugar donde nació el abogado y escritor–, quien en vida tuvo una gran influencia en las decisiones de la vida política de México y, actualmente, sigue siendo una figura emblemática para cierto sector de priismo estatal.

El sucesor de Isidro Fabela fue su sobrino, Alfredo Del Mazo Vélez, también de Atlacomulco, quien gobernó de 1945 a 1951. Con él comenzó a consolidarse el poder de un grupo que ha sido negado pero que ha sido identificado con el gobierno de poco menos una decena de gobernadores mexiquenses.

Tras la administración de Del Mazo Vélez, vino la de Salvador Sánchez Colín, de 1951 a 1957, quien impulsó el cambio del Instituto Científico Literario Autónomo del Estado de México a la Universidad Autónoma del Estado de México; luego la de Gustavo Baz Prada, de 1957 a 1963 y la de Juan Fernández Albarrán, de 1963 a 1969.

Si bien Isidro Fabela se considera el creador del grupo Atlacomulco, Carlos Hank González, quien fue gobernador de 1969 a 1975, es tenido por líder. Envuelto en supuestas corruptelas y un ejercicio del poder que trasciende hasta nuestros días, en su administración, Hank González acumuló una de las fortunas económicas más importantes del país, de hecho se le atribuye la frase de “un político pobre es un pobre político.”

De 1975 a 1081 gobernó Jorge Jiménez Cantú, creador del Plan Sagitario, para continuar con la regularización de la tenencia de la tierra; luego vino Alfredo Del Mazo González, de 1981 a 1984, cuyo plan Horizonte XXI, un programa de asentamientos humanos estaba orientado a ordenar el crecimiento poblacional. Del Mazo González dejó el cargo para dirigir la Secretaría de Energía, Minas e Industria Paraestatal y fue Alfredo Baranda García quien concluyó el periodo, de 1984 a 1987.

Mario Ramón Beteta, gobernador de 1987 a 1990, no identificado con el grupo Atlacomulco, dejó el cargo luego de las elecciones presidenciales de 1988, en las que, se dice, en el Estado de México habría ganado Cuauhtémoc Cárdenas. Dichas elecciones federales han sido cuestionadas hasta la actualidad por haberse cometido un fraude.

Luego de Beteta, Ignacio Pichardo Pagaza gobernó de 1990 a 1993. En su gestión impulsó la administración pública y se creó el municipio de Valle de Chalco; desde su gestión hasta la actualidad, todos quienes han gobernado forman parte del grupo Atlacomulco: Emilio Chuayffet Chemor, de 1993 a 1995; César Camacho Quiroz, de 1995 a 1999.


Arturo Montiel Rojas gobernó de 1999 a 2005, su administración estuvo marcada por señalamientos de corrupción, impunidad, excesos y abusos, y aunque una Fiscalía Especial realizó una investigación por los delitos de peculado, enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias, se concluyó que no se encontraron elementos para ejercer acción penal en su contra. Fue acusado de desviar recursos para su partido, de promover la construcción del aeropuerto internacional en Texcoco por tener intereses particulares. Además, la represión ejercida contra los ejidatarios de San Salvador Atenco se realizó durante su gestión.

Tras Montiel, Enrique Peña arribó al poder, de 2005 a 2011. Él impulsó diversos megaproyectos algunos de los cuales no han sido concluidos, como el caso del Tren Interurbano México-Toluca; también llegó a la presidencia de México con señalamientos en su gobierno por favorecer en reiteradas ocasiones con contratos públicos al grupo Higa, empresa constructora que luego estuvo involucrada en megaproyectos de infraestructura del gobierno de la República después de 2012. El escándalo de la Casa Blanca es solo uno de ellos.

En el artículo “El legado del ‘sexenio de la corrupción’: los retos del sistema nacional anticorrupción” se menciona que el de Peña “fue un sexenio en el que, a juzgar por los indicadores de percepción pública, la corrupción en la política y en la administración pública no sólo no menguó, sino que acaso se hizo más evidente”.

En el seguimiento de esta línea de corrupción se mantuvo Eruviel Ávila Villegas, quien gobernó de 2011 a 2017. Su designación, mencionó el investigador del Tecnológico de Monterrey, Luis Escobar para Animal Político, fue “una decisión inteligente de Peña Nieto. Se dio cuenta de que la clase política mexiquense y la mayoría de la población no veía con buenos ojos entregarle el gobierno a su primo, a un hijo de su súper asesor, Alfredo Del Mazo González (Gobernador del Estado entre 1981 y 1986) y nieto del otro Del Mazo (Alfredo del Mazo Vélez, mandatario mexiquense de 1954 a 1951). Eso implicaría que nuevamente la elección quedara dentro del Grupo Atlacomulco”.

Eruviel Ávila obtuvo una calificación como represor a los opositores a megaproyectos, asimismo se vio involucrado en desvíos de recursos para el partido; el sector salud fue uno de los más golpeados en su gestión.

La historia de los gobiernos en el Estado de México concluye con la actual administración de Alfredo Del Mazo Maza, quien mantiene un bajo perfil que parece alineado a las decisiones federales. De la estirpe Del Mazo –del grupo Atlacomulco–, el gobernador actual ha sido calificado por los diputados de Morena en el Congreso del Estado de México como un “gobernador ausente de los mexiquenses, carente de legitimidad y sin poder deslindarse de la corrupción que le heredaron sus predecesores, Eruviel Ávila Villegas y Enrique Peña Nieto”.

En 2023 será la primera ocasión en que habrá elecciones para gobernador del Estado de México con un gobierno federal del partido de Morena. Hasta el momento, hay un Partido Revolucionario Institucional debilitado pero con un ejercicio de poder experimentado.