Óscar González es un impostor. Votar por su candidatura es un voto a la basura, a las peores causas. Su historia política es lamentable. El suyo es de esos casos que sólo son posibles en la decadencia. Tiene más de 20 años pegado a la teta del presupuesto como diputado federal, local y alcalde de Metepec, pero no hay registro ni legado de obra en beneficio de la gente. Óscar es un operador de la elite, que le ha facilitado su negocio: el PT. Desde dentro del sistema, hay quien sostiene que esos anuncios espectaculares con su imagen, repartidos por toda la geografía estatal, fueron financiados por el jefe de la Secretaría General de Gobierno, quien también regularmente le provee fondos en efectivo para sus actividades. Pero, si a alguien responde, es al secretario de Desarrollo Social, Luis Miranda. Él es su amo. No hay elementos para sostener que Óscar pretende obtener la gubernatura, pero sí para concluir que está para ayudar a que Del Mazo la gane. Ya se verá.
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El nombre del empresario toluqueño Jesús Henkel Libien aparece una y otra vez cuando se revisan las compras del gobierno para el llamado Programa de Acción Comunitaria (PAC). Chucho –como le llaman en confianza en los círculos del poder– es muy cercano a los afectos del primer círculo del presidente Peña, que le han ayudado para consolidarse como uno de los proveedores favoritos, con ganancias multimillonarias durante los últimos 12 años. Lo más interesante del caso no es si ha hecho fortuna vendiendo al gobierno materiales para construcción, sino que hay quien afirma que en esta veda electoral lo está entregando directamente al padrón de beneficiarios que le ordenaron, para así burlar la ley. La Fepade debería meter las manos en el asunto.
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Entrados en los truculentos juegos del poder (que buscan torcer la ley y beneficiarse electoralmente), los partidos deberían investigar –y denunciar formalmente, si hay materia– qué tanto hay de verdad sobre la existencia de una gigante base de datos con la lista nominal de electores, el padrón de beneficiarios de programas sociales, registros fiscales, mercantiles, de propiedad y hasta civiles, operada confidencialmente por la estructura priista y alojada clandestinamente en los servidores del Sistema Estatal de Informática. Una especie de “Hildebrando” mexiquense.
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Muchos de los amigos más cercanos del presidente Peña –sus compadres entre ellos– han consolidado intereses en San Antonio, Texas, con miras en el futuro inmediato. No sólo han desarrollado empresas por allá: han comprado hermosas residencias en los fraccionamientos más exclusivos. Todo hace suponer que el presidente está pensando en Texas como uno de los posibles lugares para mudarse después de Los Pinos.
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El verdadero coordinador de campaña de Alfredo del Mazo se llama Enrique Peña y el subcoordinador, Miguel Ángel Osorio Chong. El gobierno federal está volcado en el Estado de México para imponer en la gubernatura al primo del presidente. Pero son tantos los generales, las estructuras y las estrategias que, como se dice en los juegos de baraja, están “encartados”.


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