El grupo político-económico que impulsa a Alfredo del Mazo Maza –que es el mismo que sentó a Peña en Palacio Nacional– quiere que su más reciente apuesta sea vista durante la próxima XXII Asamblea Nacional como la nueva estrella del PRI; por eso mueve todos sus hilos para apresurar –y abreviar– el desenlace legal del conflicto postelectoral y, lo antes posible, sea declarado gobernador electo del Estado de México. Quieren tomar el control de la sucesión presidencial y para ello requieren tener amarrada la entidad con el mayor padrón electoral.
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La relación entre Alfredo del Mazo y Eruviel Ávila es cada vez más tensa y distante. En el equipo del candidato priista se sostiene y aumenta la desconfianza hacia el grupo político que rodea al gobernador saliente. Muchos siguen insistiendo que hubo traición y que se hizo de todo para que Del Mazo perdiera. La gente de Eruviel (alguna, no toda), con cierta sorna, se justifica con la explicación de que “lo único que pudimos hacer fue contener la marea…”. Las cosas no están nada bien, aunque políticamente hagan lo correcto y de dientes para afuera, en público, afirmen que sí.
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Como Pilatos, el gobernador se ha lavado las manos sobre un par de nombramientos que hace poco hizo de notarios, y que notoriamente son irregulares por incumplir con los elementales requisitos de ley. Que sean los jueces los que resuelvan, ha dicho Eruviel, para zafarse de la responsabilidad de los favores que le pidieron –ordenaron– desde Los Pinos. Hay elementos legales para echar abajo los nombramientos de la hija del secretario auxiliar del presidente, Jorge Corona, y del sobrino del secretario particular, Erwin Lino.
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Quién sabe si con afán de enturbiar o aclarar las cosas, pero ha empezado a circular una versión sobre la supuesta manipulación y ocultamiento de información del asalto de la madrugada del viernes 21 de julio pasado a Liverpool, del centro comercial Galerías Metepec. De acuerdo con esta especie –desmentida rotundamente por mandos policiacos–, el día de los hechos hubo un enfrentamiento entre un comando de una veintena de asaltantes bien armados y elementos de seguridad privada de la plaza y de seguridad pública municipal, que habría dejado varios muertos. No es una casualidad que se haya filtrado esa información justamente en el proceso de transición de la gubernatura; parece obvio que tendría como intención influir en el ánimo de quien recibirá el poder. Algo huele muy mal, y lo cierto es que el caso parece haber quedado en el olvido.
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Eruviel quiere llegar a la asamblea del PRI con la etiqueta de aspirante presidencial, meterse de lleno –con el capital político que le queda– a la sucesión, no para ganar, pero sí para negociar alguna posición. No fue un ocioso y ocurrente juego de palabras eso de “ni me descarto, ni me encarto…”. Era el aviso: jugaré, y allí voy.


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