Tala ilegal en Ocuilan, el ecocidio que no frena ni la Guardia Nacional

Por Carlos Pérez

El bosque de los bienes comunales de San Juan Atzingo, en Oculian, luce devastado. Ha pasado un mes de los bloqueos realizados por comuneros y del operativo de la Guardia Nacional contra algunos aserraderos “en respuesta” a las demandas de los pobladores; sin embargo, la actividad de los talamontes continúa en aumento. Los aserraderos clausurados se reactivaron y los riesgos de que los ciudadanos los encuentren en el bosque son altos.

De lunes a sábado los comuneros se agrupan desde tempranas horas del día para salir en brigadas a sanear el bosque. La tarea principal es realizar brechas corta fuego, que limitan el avance de los frecuentes incendios que son originados, principalmente, por los talamontes.

Esta actividad es de alto riesgo, pues con azadones y machetes trabajan a metros de donde se realiza la tala ilegal. Las y los brigadistas señalan que se han encontrado con los taladores, cuando estos se retiran luego de cortar árboles toda la noche.

“Nos dijeron sínicamente adiós mientras se reían de nosotros”, narra una señora de 71 años que sigue cuidando el bosque todos los días de 8 de la mañana a 4 de la tarde; la intención es preseverlo. Su nombre –como el del resto de los comuneros– no se menciona por el grado de inseguridad en el que se encuentran. 

“Me da mucho coraje porque cuando era niña, en el 1962-63, venía con mi papá a recolectar hongos. Era bien bonito, había maleza, era un bosque, ahora me da tristeza. A mi edad a lo mejor yo voy para abajo pero a mis nietos, ¿qué les voy a dejar?”, expresa mientras los ojos se le llenan de lágrimas y su voz se entrecorta.

Los recuerdos la hacen cesar unos segundos de mover tierra con el azadón; pero respira profundo y expresa: “en lo que queda de vida vamos a luchar por defender el medio ambiente”. Después sonríe porque recuerda que hizo un cartel que decía: ¡Ya basta!, para la protesta que realizaron el pasado 5 de junio.

Ni la Guardia Nacional

Resultado de la protesta del 5 de junio se instaló una mesa de trabajo con los tres niveles de gobierno, que ya ha sesionado en dos ocasiones. Hasta el momento, el principal avance mostrado por las autoridades fue un operativo de la Guardia Nacional realizado el 11 de junio. Este fue exhibido públicamente a través de un comunicado de la 22 zona militar con sede en la carretera Toluca-Tenango. 

El boletín del 24 de junio se emitió luego de un “operativo” al que también acudieron medios de comunicación en Otzolotepec. Con este acto, cerraron un conjunto de “destacadas acciones” en las que se clausuraron ocho aserraderos –cinco en Otzolotepec y 3 en Ocuilan– entre el 7 y 23 de junio. 

Sin embargo, una semana después de las acciones en Ocuilan, los comuneros señalaron que fueron acciones mínimas. En dos años han presentado cerca de 20 denuncias por tala y cambio de uso de suelo y han hecho llegar a la Profepa y la Fiscalía General de la República los puntos georeferenciados de 12 aserraderos –9 en la comunidad de Santa Lucía y 3 en Santa Martha–, así como los nombres de los involucrados. 

 

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“Es muy lenta, muy ineficaz; vienen, les damos las coordenadas al inspector de la Profepa, le damos la información; es más, los llevamos a los lugares y a los 3 o 4 meses nos cambian de inspector y hay que decirles de nuevo (…). Ahorita la Guardia Nacional hasta que hicimos el paro, porque antes nada más no. Hay servidores públicos que nos dicen es tu polígono, son tus bienes comunales, defiéndelos tú, hasta ese grado nos han dicho”, expresa una de las comuneras respecto de las autoridades federales.

Además explica a detalle como fue el operativo de la Guardia Nacional. Aunque desmantelaron los aserraderos en San Lucia, un día antes “el dueño dijo que estaba bien parado  arriba y que ya les habían informado que iban a llegar y no le pasaría nada”. De acuerdo con los comuneros, la Guardia Nacional se colocó sobre la carretera, realizó sus clausuras pero no tocó la bodega principal, luagar al que habían trasladado los equipos y materia prima de los aserraderos. 

Su versión coincide con los escasos resultados del operativo, pues no hubo detenciones ni decomiso de vehículos, según el comunicado oficial solo se encontró:

  • Madera aserrada (337 piezas) con volumen de 4 mil 688 m³.
  • Madera en rollo con volumen (156 piezas) de 73.524 m³.
  • Polines de oyamel (300 piezas), con volumen de 1,165 m³.
  • Cintas de metal de diferentes anchos (6 sierras)
  • Tablones (4)
  • Motosierra (1)
  • Un carro de empujón, de dos escuadras.
  • Una máquina torre de aserrín color verde con motor eléctrico.
  • Un carro de metal para mover la madera.

Además, los comuneros denunciaron que dos semanas después los aserradores comenzaron a operar. 

Por otro lado, las acciones de las autoridades estatales son escasas. La falta de un convenio de Probosque con la Profepa es el principal argumento para deslindarse y tomar acciones contra la tala ilegal en este y otros municipios.   

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Un recorrido por la devastación

Para llegar a la zona talada se deben multiplicar las precauciones. Los talamontes son, en su mayoría, vecinos de las comunidades de Santa Martha y Santa Lucia, ahí prácticamente todos los conocen. Cuentan con una red de halcones, integrada principalmente por bases de taxis, desde donde monitorean cualquier acción, principalmente de las autoridades.

El recorrido se hace en silencio, pues aunque es común que la tala ilegal se realice de noche –con el uso de plantas de luz, reflectores, camionetas, motosierras y grupos de más de quince personas armadas–, también se les encuentra en otros horarios, cuando no hay indicios de presencia de las autoridades. 

En la zona es evidente la perturbación del bosque de Oyamel. Hay múltiples claros donde la tierra se erosiona, decenas de troncos que quedaron apilados sin que se retiraran, lo que evidencia la tala indiscriminada. También se observan los rastros de los incendios forestales generados por los talamontes; esto genera la proliferación de un tipo de vegetación distinta a la del bosque primario –libre de alteraciones humanas. 

 

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Por años, algunos de los puntos han sido tan olvidados por las autoridades que la tala en el bosque no es la única actividad ilegal. Los secuestros, robos, violaciones y asaltos son el pan de cada día para quienes circulan por las noches en la carretera Huitzilac-Lagunas de Zempoala. Por lo que al caminar en el bosque es común encontrar auto partes de vehículos que han sido desbalijados. 

Efectos en la disponibilidad de agua

Los efectos de la tala –combinados con el cambio de uso de suelo y con el cambio climático– han provocando la desaparición de las lagunas de Zempoala. Este fenómenos es uno de los más visibles para la población que visita el Parque Nacional. El área natural protegida desde 1936 comparte territorio con los municipios de Ocuilán en el Edomex y Huitzilac en Morelos y está prohibido cualquier tipo de aprovechamiento forestal.

Pese a que en ambos municipios hay tala ilegal, las tomas aéreas permiten observar una marcada diferencia entre el bosque de Morelos y el del Edomex. Este último, resgistra las mayores afectaciones: aproximadamente 6 mil hectáreas, según comuneros de San Juan Atzingo.

A esto se suma la presión sobre el llamado “Bosque de agua”, una de las zonas boscosas con mayor diversidad en flora y fauna del país que se extiende por Cuernavaca, Ciudad de México y Toluca, abarcando el Tepozteco, la Sierra del Chichinautzin, las Lagunas de Zempoala, el Ajusco, el Desierto de los Leones y la Sierra de las Cruces.

Una extensión que cuenta con 235,000 hectáreas de superficie, presionada por el desarrollo urbano y la tala clandestina de las tres grandes ciudades. Su importancia es tal que de acuerdo con estimaciones aporta el 70% del agua que consume la Ciudad de México.

Pese a su importancia, tan solo en el Edomex, municipios como Jilotzingo, Temoaya, Isidro Fabela, Jiquipilco, Jalatlaco y Nicolás Romero presentan una fuerte presencia de la tala ilegal; poniendo en peligro este importante bosque y la disponibilidad de agua para millones de personas.

Pueblo Tlahuica, de la autodefensa al autogobierno

nte la falta de atención de las autoridades, la comunidad Tlahuica de San Juan Atzingo impulsó por su cuenta la defensa del bosque. Se organizó como autodefensa y se lanzó a controlar la zona; pero después de casi un año, los talamontes se articularon y de manera violenta recuperaron el control. Ante el escenario, la comunidad ha definido impulsar su propia ruta de organización comunitaria como pueblo indígena.

El problema de la tala clandestina ha existido desde hace 20 años en la región y año con año las autoridades comunitarias han ido haciendo denuncias ante las dependencias tanto federales como estatales. Por parte del anterior presidente municipal hubo intención de convocar, pero no hubo resultado. Se le ha hecho mucha difusión pero tampoco ha habido interés; por eso, creemos con más convicción que necesitamos ser municipio, porque ningún nivel de gobierno ha atendido la tala clandestina”, explica Eduardo González Gómez.

El pasado 31 de enero –en una asamblea con más de 800 delegados– Eduardo fue nombrado como presidente provisional, junto con un cabildo –integrado por representantes de las 11 localidades– del polígono de San Juan Atzingo, que fue declarado como “municipio indígena Tlahuica de San Juan Atzingo Estado de México”.

La convocatoria a la asamblea y la planilla fueron lanzadas por el consejo de ancianos y el consejo de bienes comunales, quienes definieron las diferentes responsabilidades y tareas para llevar adelante el procedimiento.

Dicha asamblea mandató a los representantes para que iniciaran el proceso para el reconocimiento del municipio indígena,  que abarca una población de cerca de 11 mil habitantes. Para esto se requisito el acta, se recabaron firmas y se llevó a distintas instancias: federales y estatales. Además pidieron a las distintas dependencias estatales  los documentos probatorios para integrar la solicitud para que la Legislatura los reconozca como municipio. 

Esta medida –que aún está en proceso de construcción y es motivida por la defensa del bosque– también busca la conservación de la lengua, costumbres y tradiciones de la comunidad Tlahuica, pues están íntimamente vinculadas con su territorio y sus recursos naturales.

Producción audiovisual y fotografías: Jesús Mejía / Edición de video: Karlos Velazquez

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