Marcelino estaba ahí, de pie frente a cuatros míseros parroquianos. Extrañamente, tanto Marcelino como quienes le rodeaban, se veían sobrios. Llegué tarde porque no tenía ganas de reencontrarme con la rutina, pero comprendí que este tugurio aturde mi cerebro, hunde esa mediocridad impuesta a base de señalamientos, y deja de lado los miedos a ser yo.
Ahí estaba mi amigo, un cincuentón de albo cabello y sueños muertos, alguien muy parecido a mí.
“Este es el inicio de mi historia y que más les puedo decir si no invitaros a que pongan atención durante los siguientes minutos y se enterarán de quien soy en realidad y qué me pasó para estar gozando de mi muerte en vida… ha tiempo el partidote me hizo candidato y me confeccionaron discurso y estrategia. Aún recuerdo mi primer discurso… escuchen, iba así: queridos, estimadísimos, importantísimos, reverentísimos habitantes de esta gran Vía Utopía… es para mí un orgullo estar frente a tan importante comunidad, comunidad que me genera gratos recuerdos de aquella infancia hermosa, de amigos, de aprendizaje, que me ayudó a lograr ser lo que soy. Se preguntarán ustedes qué soy… pues bien, soy un político, sí, pero político honrado, trabajador, sincero, discreto y, sobre todo, sabedor de las cosas que se necesitan en nuestro pueblo…”
La sed le obliga a frenar su perorata y toma un gran sorbo de su verdoso ajenjo, tras lo cual prosigue:
“Por todo lo anterior y lo que ustedes saben, ya que me conocen como a mi abuelo, mi padre y mi primo, los invito a que el próximo domingo voten por mí y les recuerdo que seré el único gobernador que construirá 20 mil universidades, que pintará de verde pistache todas las casas, que recogerá la basura apilada afuera de sus casas, el único que incrementará los servicios de los hospitales en mil 723 por ciento y que hará que las carreteras sean totalmente transitables en burro y a caballo… pero lo mejor que haremos, yo y ustedes, ustedes y yo, será construir 125 cementerios, uno por cada municipio para que nuestros muertos ya no sean lanzados a los ríos o arrojados a las carreteras, pero hay algo mejor aún, aprovechar que todos los días mueren muchos de los nuestros para potenciar la generación de empleos impulsando las PyMES, para que cada tres calles se cuente con una funeraria… todo será redondo para mí, mis amigos y ustedes que, con seguridad, pondrán los muertos…”
Marcelino se abstrae. Suele hacerlo cuando recuerda tiempos idos y a mí me da oportunidad para pensar en los Marcelinos, los Alfredos, los Juanes, los Josefinos, los Delfinos, los Oscares, los Teresos… ¿Qué valoran los ciudadanos? ¿Qué mirada, qué actitud, qué mensaje convence a los votantes?
Mi mente vaga entre escritos e imágenes recientes, donde advierto que a Alfredo le quieren hacer ver como una persona fuerte, decidida, con carácter, pero a quien, en sus productos, le restaron personalidad, convirtiéndolo en un ente amorfo, como un troll, lo avejentaron y, lejos de generar empatía, lo que produce es desconfianza.
A Josefina le han imbuido de un espíritu belicoso, pero su eje discursivo se ciñe a un script que genera desconfianza al electorado, toda vez que su referente siempre es Delfina y, como para cuidar el esquema, de cuando en cuando Del Mazo.
Por lo que hace a Delfina, su lenguaje no ha variado desde su precandidatura y ello obra en su contra, ya que pareciera que sus asesores hacen hasta lo imposible para frenarla, para que mantenga una actitud débil, propia de una política de mediana estatura y deben recurrir con frecuencia a la sombra protectora de Andrés Manuel López Obrador.
Estamos en un escenario con electores enormemente desencantados, con datos de intención de voto desalentadores, con instituciones acotadas, con autoridades gubernamentales metidas de lleno en el proceso y con información que no permite saber cómo piensan los candidatos hacer lo que dicen que harán.
“Por la construcción de más y mejores cementerios, voten por mí…”, la voz de Marcelino me vuelve a mi realidad y grito: “¡Viva la democracia, la pendejez de las masas, el cinismo de los políticos y la mierda del sistema!”.



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