San Juan, Puerto Rico.- Desde hace más de 20 años, esta columna, insignia editorial de AD (antes semanario “Cambio”), nunca había dejado de aparecer por 10 días consecutivos, como lo hizo recientemente –reconforta que algunos lo hayan notado– debido a un apresurado periplo por algunas islas de las Antillas, testimonios vivos del colonialismo de los Estados Unidos, del Reino Unido y del Reino de los Países Bajos.
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Parece increíble cómo algunos de estos pequeños territorios –verdaderos paraísos tropicales, como Islas Vírgenes, Saint Thomas, Saint Kitts, Curazao y Aruba– no se han dejado vencer a pesar de todas las vicisitudes, y sus pueblos, la mayoría de ellos conformados por descendientes de los esclavos africanos traídos hasta acá para construir fuertes, producir caña o azúcar o explotarlos de cualquier forma posible, se han dado una identidad propia y un destino. Mientras en México todavía se batalla con los baches en las calles, aquí ya se está desalinizado el agua de mar para consumo humano y produciendo energía eléctrica suficiente para toda la región. Realmente el atraso mexicano es ignominioso.
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Ernesto Nemer nunca ha negado en su ADN político los genes chuayffetistas –como tampoco los camachistas–, pero quien conoce su biografía entiende bien que es peñista por sobre cualquier otra filia. Es uno de los operadores políticos en los que más confía el presidente mexicano, a quien le es absoluta y ciegamente leal. Por eso fue el coordinador de la campaña y por eso ahora es el presidente del PRI en el Estado de México, la mayor fuerza tricolor de todo el país, con la que Enrique dará la mayor de sus batallas para no entregar la presidencia de la república a Andrés Manuel López Obrador.
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A lo largo de sus más de 30 años en política y en el servicio público, Nemer ha cometido muchos errores; obviamente, los más recientes siempre serán los más notorios: cómo olvidar el reloj de más de tres millones de pesos que usaba cuando combatía –con el cargo de subsecretario– la pobreza en el país, o el desafortunado dislate de la foto del niño aseándole los zapatos, o cuando gastó millones de pesos, ya como secretario de Desarrollo Social, para repartir bicicletas entre los grupos más marginados, o cuando perdió la alcaldía de Metepec frente al muy malo candidato del PAN. Pero Nemer ha sido un hombre muy útil al sistema, institucional y disciplinado. Como diputado local, coordinador de la bancada priista y presidente de la Junta de Coordinación Política, sacó adelante cuanta iniciativa le envió el entonces gobernador Enrique Peña –entre ellas, la reforma electoral vigente, tan útil para la victoria de Eruviel, primero, como para la de Del Mazo ahora–. Como Jaime Vázquez, Nemer logrará la trifecta de la Secretaría de Gobierno, la representación y control del Poder Legislativo y la presidencia del PRI estatal; pero él, además, la Secretaría de Administración, la de Desarrollo Social, una subsecretaría federal (en Sedesol) y la Profeco… eso sin contar que fue secretario particular del gobernador y del secretario de Gobernación.


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